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martes, 29 de abril de 2014

EL SE XO EN LA ANTIGUA ROMA (2) POMPEYA

Las prácticas sexuales en la antigua Roma


Sátiro y Ninfa, mitos que representan a la sexualidad
en la antigua Roma, Fresco en una sala de una casa
pompeyana,
Si en el texto anterior hablaba de Pompeya como ciudad surgida de sus propias cenizas que la sepultaron en el año 79 d.C., en esta ocasión el objeto de este comentario es hablar de Pompeya y su relación con el sexo -y a través de este inicio llegar al tema del sexo en el mundo romano-, pues los últimos hallazgos arqueológicos demuestran que Pompeya era una ciudad en la que el sexo tenía un papel preponderante en la vida ciudadana y sus habitantes lo vivían sin complejos ni reticencias, al igual que el resto de los ciudadanos romanos.

El sexo formaba parte de la vida cotidiana de los pompeyanos con total naturalidad y sin tapujos, por lo que no es extraño que hubiera frescos con escenas explícitamente sexuales en las mansiones, no sólo en los lupanares, además de encontrarse en las entradas de muchas casas alusiones a las costumbres o hábitos sexuales de sus moradores, como algo que puede salir de la esfera privada e íntima y ser exhibida públicamente sin ningún atisbo de pudor o vergüenza. 

Una muestra de ello se encuentra, entre otros muchos hallazgos, en las últimas excavaciones realizadas en Pompeya, en una de sus ínsulas, concretamente en la ínsula VII-6 -o sea, una manzana de casas en un barrio de ciudadanos acomodados- en la que trabajan arqueólogos españoles. Allí se ha encontrado en el dintel de la casa 28 una alusión sexual explícita dedicada al dueño de la casa que dice "Secundus felator rarus", cuya traducción sería la de "Secundus es un chupador poco frecuente", lo que hace preguntarse si era un elogio o una descalificación grosera fruto de la venganza, ya que la felación se consideraba igual que la sodomía en un ciudadano romano libre porque era la manifestación del rol pasivo sexual que no se aceptaba en ningún varón.

En esa misma ínsula, en el que el grupo de españoles ha llevado a cabo el proyecto de la llamada Casa de la Diana Arcaizante, que ha podido servir para reconstruir con todo tipo de detalles la vida en esta lujosa casa pompeyana, una mano anónima de hace veinte siglos dejó escrito en un muro a pocos metros de la entrada "Restituta casta", como un elogio dirigido hacia la tal Restituta para distinguirla de otro homónima que bien podría ser una prostituta. También hay otro grafiti que tiene igual contenido sexual porque dice "Et quiscripit felas", que significa "El que escribió chupa".

Todas estas alusiones sexuales, tanto en el interior como en el exterior de las viviendas, sorprenden al ciudadano actual no acostumbrado a las manifestaciones sexuales en cuadros, grabados y demás elementos decorativos de una casa, y cuyas imágenes explícitamente sexuales sólo aparecen en películas de alto contenido erótico o pornográficas, revistas, espectáculos o programas de televisión de igual calado, para el ciudadano romano era algo natural y consustancial por lo que dichas manifestaciones sexuales no quedaban en el ámbito privado y se mostraban dichas imágenes sexuales en numerosos frescos en lujosas mansiones sin ningún tapujo y sin que ello supusiera que todo estaba permitido, pues sería un error caer en esa falsa idea.

Hagamos un poco de historia a grandes rasgos sobre este tema que es tan importante en cualquier sociedad:

Hipócrates fue el que creó los conceptos médicos sobre las mujeres y que han llegado desde la época romana hasta la victoriana. pues en una obra contenida en los Tratados hipocráticos, habla sobre la enfermedad de las vírgenes (morbus virgineus) que tenía unos síntomas como el mal color, dificultad respiratoria, hinchazón, palpitaciones, jaquecas y otras muchas manifestaciones, y aducía que este mal lo sufrían las vírgenes por no haberse casado al llegar a la edad adecuada para hacerlo, por lo que su abstinencia sexual era la que le producía tales síntomas por acumulación de la sangre dentro del cuerpo femenino. Afirmaba, por ello, que el embarazo era la cura. 

Estas afirmaciones fueron la base de los valores culturales de la sociedad griega sobre la mujer, al considerarla más débiles y tener, por tanto, una misión clara y fundamental en la vida como es la de ser madre. Todo ello hacía que las mujeres desearan casarse y ser madres para evitar tales males en caso de no hacerlo. Esta creencia pasó al mundo romano.

Los romanos, por su parte, creían que tenía que ser el hombre el participante activo en todas las modalidades de actividad sexual. La pasividad masculina se despreciaba por ser la demostración de ausencia de virilidad y de pérdida de control por lo que sería ridiculizado con el término de catamita -sirviente sexual pasivo-. Por ello, el ciudadano romano libre podía tener sexo con mujeres, esclavos -aunque fuera en contra de la voluntad de éste tanto si era como castigo como si no-, o prostitutos, pero siempre que fuera la parte activa. No existía, pues, en el mundo romano el concepto de heterosexual u homosexual, sino la de activo o pasivo en el plano sexual. Son muchas las fuentes en la Roma antigua que hablan de las relaciones sexuales entre hombres en la antigua Roma y su aceptación con los límites antes dichos. Hay muchas obras literarias, grafitis y alusiones sobre las preferencias de todo tipo de personajes de alto nivel -los ciudadanos de las clases bajas no eran tenidos en cuenta-, incluidos los emperadores. De estos últimos se sabe que de los doce que figuran en la obra de Suetonio Vida de los doce Césares :Julio César, César, Augusto, Tiberio, Calígula, Claudio, Nerón, Galba, Otón, Vitelio, Vespasiano, Tito y Domiciano, exceptuando Claudio, al que criticaba Suetonio por no tener un amante varón, todos tenían un amante masculino, tanto si estaban solteros como casados. 

Existen algunos indicios, aunque escasos, de que se empezó a crear una subcultura homosexual en la antigua Roma -aunque sin comparación con la actual-. También existen datos de que existía una calzada en Roma sobre el año 200 d.C. donde se reunían los prostitutos masculinos, pero especializados en los roles de activo y pasivo. También existe constancia de que había hombres que iban a un distrito próximo al Tíber para buscar marineros con quienes mantener relaciones sexuales. Otro lugar de encuentro eran los baños públicos o termas que eran muy habituales para encontrar a posibles parejas sexuales. Juvenal afirma que en esos lugares los hombres se rascaban la cabeza como señal identificativa ante los demás. Otro signo distintivo era el color verde que usaban los homosexuales. A los afeminados se les llamaba galbinati por alusión a ese color relacionado con el mundo homosexual.

Al principio de la República la condena de la homosexualidad era explícita como demuestra la Lex Scantinia, de la que no se conoce totalmente su contenido pero fue mencionada por legisladores posteriores, y se sabe que castigaba duramente con la pena capital la relación sexual entre romanos libres, incluyendo en dicha condena también al ejercicio de la pederastia. Dicha ley iba dirigida a las milicias romanas y castigaba con pena de muerte dichas prácticas homosexuales. Esa primera actitud de intolerancia hacia la homosexualidad fue cambiando en el transcurso del tiempo, dependiendo de la situación histórica del momento, yendo siempre desde el extremo de una condena explícita, y después de una cierta tolerancia a mediados y finales de la República y principios del Imperio, hasta una amplia tolerancia que llegaba hasta el extremo de ser considerada tal práctica homosexual una costumbre cultural en ciertas provincias.

Otras leyes dictadas en tiempos de Augusto fueron la Lex Iulia y Lex Iulia de vi pública que regulaban, precisamente, las actividades homosexuales entre hombres libres que estaban prohibidas y castigadas con la pena capital, lo que se recoge en la Lex Scantinia ya citada y dirigida a la milicia romana. El hombre que permitía ser sodomizado recibía los nombres de "pathicus" o "catamita" -joven esclavo pasivo- o "cinaedus" -equivalente a eunuco- , términos que venían a ser similares a "pasivo" y por ello quien actuaba como tal era despreciado por considerarlo afeminado y débil.

Sin embargo, esto se refería a las relaciones entre hombres romanos libres, pero no se ampliaba a los esclavos o bárbaros -llamados así los extranjeros que procedían de territorios no romanos-, porque no se les consideraba personas, sino objetos. A estos se les consentía las prácticas homosexuales sin restricción, pero no así a los ciudadanos romanos que eran menospreciados e infamados sin se dejaban penetrar. 

Aunque no existía el término homosexual como tal ni en latín ni en griego antiguos, sí parece que la bisexualidad era la norma, aunque hay autores de la época que reconocían que en la antigua Roma había hombres que mantenían relaciones sexuales únicamente con hombres. Sin embargo la homosexualidad femenina no se aceptaba ni se admitía su existencia, por considerarla infamante para la mujer que la practicara. Esto se debe a que no se tenía en cuenta la sexualidad de la mujer, porque no se reconocía en ella lel deseo sexual como tal, ya que se presuponía que ella siempre encontraba placer en el acto sexual, aunque sufriera una violación.

Hay que tener en cuenta que la práctica sexual con los esclavos, por ser estos considerados cosas (res) podían ser utilizados para todo tipo de prácticas sexuales, o de cualquier tipo, que entre ciudadanos libres serían considerados delitos. Además, las actividades homosexuales con esclavos no eran consideradas como forma de obtener placer sexual, sino como un modo de castigo al esclavo rebelde o desobediente, y se consideraba que era igual castigo al hecho de ser azotado.

En el siglo I dos autores como son Suetonio y Tácito admiten la celebración de matrimonios entre hombres sin ningún tipo de obstáculos, ya que el matrimonio en Roma era considerado simplemente un contrato privado, sin tener la categoría de sagrado que tuvo desde la introducción generalizado del cristianismo. El propio emperador Nerón se casó con un joven eunuco de palacio llamado Esporo, al que llamó Sabina, para que le consolara de la muerte de su amada Popea.

Tanto en Grecia como en Roma era la norma que el erómeno, o miembro joven de la pareja, fuera el sujeto pasivo en la relación sexual y el mayor, o erastés, fuera el activo, sin embargo existen muchas evidencias de que en la sociedad romana había muchos hombres mayores que preferían ser el pasivo dentro de la pareja y el joven esclavo ocupara el de miembro activo -no hay que olvidar que la relación sexual entre dos ciudadanos romanos libres estaba prohibida para el que ejerciera de pasivo-.Era creencia generalizada que sólo el miembro activo de la pareja obtenía placer sexual; y se asimilaba el papel pasivo al de una mujer, el cual era muy bajo en Roma. Se solía denominar a los que tomaban el papel pasivo como cinaedus, término equivalente a eunuco.

No sólo existía la atracción homosexual hacia los hombres jóvenes, sino también hacia hombre ya adultos. Suetonio escribe al respecto sobre la afición del emperador Galba hacia los hombres fornidos y con experiencia. También existían informes de soldados que eran acosados sexualmente por algunos de sus superiores. 

La felación también era práctica frecuente, de lo que es una muestra el grafiti encontrado en Pompeya que aludía a las habilidades extraordinarios en esa práctica del mencionado Segundo. Esta actividad se consideraba igual de pasiva para quien se la practicara a otro.

En la sociedad romana un pene muy desarrollado era señal inequívoca de virilidad y atractivo sexual, como ejemplo de la fertilidad cuyo dios era Príapo. Petronio escribe al respecto con admiración que un hombre con un pene de extraordinario tamaño buscaba encuentros sexuales en un baño público, visiblemente excitado. Afirmaba que muchos emperadores eran objeto de burla y sátiras por tener a su alrededor hombres dotados con grandes atributos sexuales. 

Varios poetas latinos escribieron obras que alababan estas relaciones como es el caso de Cátulo, Horacio, Virgilio u Ovidio. También Petronio describe en su obra el Satiricón las costumbres de la sociedad imperial y habla frecuentemente da relaciones homosexuales entre sus personajes. El poeta Marcial también defiende las relaciones pederastas y alaba el amor hacia el efebo y no únicamente su uso como objeto sexual.

En cuanto a la pederastia que había perdido hacía mucho tiempo en Grecia su función pedagógica y los límites que ello imponía, en el mundo romano se extendió como una forma de búsqueda de placer sexual y se consideraba igual que el deseo por las mujeres, aunque hubo muchos autores que condenaban dichas prácticas por considerarlas vergonzosas, aunque otros escritores no la condenaron completamente, pues aceptaban y alabaron algunos de sus aspectos, aunque no todos.

La práctica de la pederastia alcanzó su mayor auge durante el mandato del emperador Adriano que continuó la pasión por los efebos de su antecesor Trajano. Es conocida la pasión amorosa de Adriano por el joven griego Antinoo quien murió ahogado y el emperador Adriano erigió en su honor templos en Bitinia, Mantineia y Atenas y le puso su nombre a una ciudad que se llamó Antinópolis.

Posteriormente, en el siglo III el emperador Heliogábalo, del que todos conocían sus muchos amantes masculinos, llegó a casarse dos veces vestido de mujer, manifestando así de forma explícita su papel pasivo en la relación. Existen muchas anécdotas sobre su comportamiento licencioso y por ello se conocían a los soldados de su guardia personal como " los rabos de burro" porque los reclutaba en las termas entre los que estaban mejor dotados sexualmente. También el emperador Filipo el Árabe, a quien se considera oficialmente el primer emperador cristiano, fue también conocido por su desaforada pasión por los efebos.

Con la implantación del cristianismo, la tolerancia con la homosexualidad y la pederastia fue disminuyendo en el transcurso de los siglos en el mundo romano y en todo Occidente.

Aunque puede verse cierta permisividad sexual en estas prácticas que estaban reguladas, hay que tener en cuenta que la sociedad romana era fundamentalmente clasista, es decir, basada y dividida en clases sociales. Por ello, el adulterio que era considerado como tal la actividad sexual de una mujer casada y un hombre que no era su marido -pero no así la del hombre casado con una mujer que no fuera su esposa-, sólo tenía importancia si la mujer era de la clase patricia o clase alta, pero no la de la casada infiel de clase baja, lo que no tenía condena ni importancia en la sociedad romana.

El adulterio era castigado duramente en el caso de mujeres de alta posición -regulado en la Lex Julia de adulteriis que lo calificaba como un crimen público y privado-, y la mayoría de las veces consistían en penas patrimoniales o económicas: a la adúltera se le confiscaban un tercio de sus propiedades y la mitad de su dote; al hombre que había cometido adulterio con ella la pena que se le aplicaba era la confiscación de la mitad de sus bienes. Esto no era la única pena impuesta a la adúltera, porque había un castigo mayor que quedaba a juicio del marido engañado, o bien del varón adulto que ejerciera la "potestas" sobre la adúltera -podía ser el padre, hermano mayor, o a falta de estos quien ejerciera dicha función-, se le podría aplicar la pena de muerte, a juicio de quien ejerciera esa potestad sobre ella. Si la muerte no fuera la pena impuesta, sí lo era siempre la de que no nunca pudiera volver a casarse.

Es extraño para la mentalidad actual que, sin embargo, y a pesar de esas leyes tan duras contra la mujer adúltera, sí le estuviera permitido a ella poder tener relaciones sexuales con otros hombres que no fueran su marido en el único caso de que estuviera embarazada, lo que estaba socialmente aceptado -el caso de Iulia, la hina de Augusto es un ejemplo muy conocido del uso de dicha licencia-. Lo que demuestra que el matrimonio romano estaba fundado sobre la salvaguarda del patrimonio -o bienes del marido- para que pasaran a hijos de éste y no a hijos ajenos. Cuando la mujer estaba embarazada ya no podía concebir de otros hombres y por eso se aceptaba dicha práctica que hubiera sido penada en caso de no existir embarazo alguno. Lo cual podría abrir la puerta a que la mujer fingiera un embarazo de su marido siendo de un amante, y así poder seguir teniendo relaciones con éste con total libertad hasta que naciera su hijo.

Todas estas leyes en contra del adulterio y en favor del matrimonio y la fidelidad de la mujer, en época de Augusto, supusieron un aumento considerable del concubinato (contubernium) que quedó así reconocido en el propio derecho, ya que era la práctica usual en la Roma antigua y que autorizaba a un hombre libre no casado a tener una relación sexual permanente no marital con cualquier mujer de rango inferior, pero sin trabas ni perjuicios para éste, a excepción de que fuera con una prostituta. La concubina estaba mejor considerada que la (paelex) que era la amante del hombre casado, pero el hombre no podía convivir con la concubina de forma legal ni casarse con ella si estaba casado legalmente, aunque tampoco los hijos habidos de esta relación no legal con la concubina podían tener derechos a la herencia del padre, porque no se aceptaban en Roma los hijos ilegítimos, es decir, los habidos fuera del matrimonio. Esto representaba una seguridad patrimonial tanto a la esposa como a los hijos nacidos del matrimonio.

El concubinato era una institución cuasi legal en cuanto aceptada socialmente, ya constan en las Leyes Iuliae del emperador Augusto, sobre todo Lex Iulia de Maritandis Ordinibus (18 aC), en la cual se regulaba la celebración de matrimonios dentro de los límites estrictos de las clases sociales, lo que suponía un implícito reconocimiento del concubinato como la convivencia sin matrimonio para situaciones de hecho entre parejas desiguales socialmente, porque permitía al varón no casado -las mujeres de cierta rango social no podían ser concubinas sin tener una nota infamante (perder la reputación y el honor)-, tener relaciones sexuales fuera del matrimonio de forma lícita, porque otras eran consideradas ilícitas como las relaciones con prostitutas. Esto permitió a muchos romanos tener relaciones no matrimoniales de forma no vergonzosa con mujeres que habían sido esclavas o prostitutas o darle un apoyo social a uniones de hecho desiguales sin llegar al matrimonio.

Para que el hombre pudiera vivir en concubinato con una mujer sin matrimonio tenía que comunicarlo a las autoridades. Ya se ha dicho antes que los efectos hereditarios de un viudo con hijos que eligiera esa fórmula de convivencia, no se verían amenazados por los hijos que nacieran de esta última unión.

La consideración de la concubina era socialmente inferior a la de la esposa y eso era la única diferencia, como afirma Paulus, el jurista en su obra Opiniones, porque la concubina nunca llegará a tener el rango de su pareja como sí le sucede a la esposa legítima.

Ya se ha dicho antes que la concubina tenía una mayor consideración en la sociedad romana que la (paelex), es decir la amante de un hombre casado. Por ello, las leyes romanas negaban la posibilidad de que un hombre casado pudiera tener una concubina, aunque existen casos históricos en los que no se cumple dicha norma prohibitiva como son los casos de los emperadores Augusto -que repudio a Escribonia, su segunda esposa porque se quejaba celosa de la gran influencia que ejercía sobre él su concubina-, Marco Aurelio -emperador padre del sanguinario emperador Comodo, personaje que aparece la famosa película Gladiator-, y Vespasiano.

Las leyes no amparaban legalmente a las concubinas y éstas dependían económicamente de la generosidad de sus respectivos amantes, porque la ley no quería darle el mismo protagonismo a la concubina que a la esposa legítima, en aras de proteger al matrimonio y a la familia y lo que ella representa como núcleo patrimonial.

Por ello, el jurista Ulpiano dejó escrito en su Lex Iulia et Papia que con las concubinas eran las únicas mujeres con las que se podía tener relaciones sexuales licitas sin cometer un delito -sin estar casado y siendo un ciudadano libre-, como sí sería el caso de recurrir a la prostitución o a las prácticas homosexuales pasivas. Legisla también sobre la posibilidad de que cualquier hombre puede tener una concubina siempre y cuando sea mayor ésta de doce años.

(

miércoles, 30 de enero de 2013

¡EXISTÍAN LOS GRAFFITIS EN LA ANTIGÜEDAD?

Imagen de los graffitis encontrados en el Coliseo romano

      
Muchas veces los aficionados a los graffitis y los amantes de la Historia nos hemos preguntado si esa molesta moda que campa a sus anchas en la actualidad por todas las ciudades del mundo, e inunda paredes públicas y privadas, vallas, vagones de metro y ferrocarril, escaparates y cualquier tipo de superficie plana sobre el que puedan plasmar sus ideas creadoras los graffiteros, ha existido desde el principio de lo que llamamos civilización occidental.

La respuesta a la pregunta de si han existido siempre los graffitis, como tales pintadas, no había sido unánime, aunque no se pueden catalogar como graffitis las pinturas rupestres que adornaban las cuevas primitivas, porque eran un deseo de expresar la visión del mundo que los rodeaba, por parte de los hombres que vivían en ellas hace decenas de miles de años, además de adornar así sus moradas que eran simples grutas, exentas de cualquier tipo de sofisticación y comodidad, con esas pinturas y su vibrante colorido, buscando la expresión de la necesidad de explicar y entender su propio entorno y su rudimentaria forma de vida.

Sin embargo, un hallazgo arqueológico ha demostrado que los graffitis como tales, es decir: simples pintadas sin interés artístico alguno, hechas en lugares públicos, sin autorización de los dueños de los edificios sobre los que los graffiteros plasman sus ideas, con mejor o peor fortuna, ha existido desde tiempos tan remotos, porque se han encontrado muestras evidentes de la labor de los graffiteros romanos en un monumento que es el símbolo más importante de la Roma imperial como es el Coliseo romano, y dichas pintadas, o graffitis , estaban en una galería secundaria del tercer nivel del Coliseo. Este hallazgo se ha producido durante la restauración del célebre monumento, a lo largo de 60 metros, especialmente en una galería secundaria, en el tercer nivel del Coliseo, a más de 30 metros de altura sobre el nivel del suelo, en el lado norte.. En dicha galería han aparecido dibujos pornográficos, textos y firmas de los espectadores que acudían al Coliseo para ver los terribles espectáculos de horror y muerte que allí se llevaban a cabo, en los que eran los protagonistas los gladiadores y sus célebres luchas, los cristianos que morían en la arena devorados por los leones y demás animales fieros, lo que formaba parte del contenido normal de los espectáculos circenses de la época.


Imagen reconstruida del Coliseo en su forma original
El Coliseo romano, aunque su verdadero nombre es el de "anfiteatro Flavio", fue mandado construir por el emperador Vespasiano en el año 72 d.C.y terminado en el año 80 d.C., cuando ya era emperador su hijo Tito, y su inauguración se celebró con 100 días dedicados a juegos en los que se mataron más de 5.000 animales de todo tipo.

El Coliseo es uno de los más grandiosos y magníficos monumentos de la Roma antigua y, a pesar de los casi dos mil años que lleva construido y de la pátina grisácea que lo cubre, debida a la contaminación atmosférica, no hay que olvidar que en la época en la que se construyó estaba decorado con frescos que ofrecían un amplio surtido de colores: rojo, blanco, rosa, azul y diferentes tonalidades de verde.
Durante la dinastía Flavia (69-96 d.C.), el color blanco del mármol destacaba sobre la fachada externa del Coliseo, y sobre él se esculpieron, en rojo, diversas inscripciones técnicas para señalar la procedencia de la piedra. Además, el colorido se extendía por toda la estructura interna alrededor de la arena, como eran las galerías, escalinatas y corredores que mostraban un intenso abanico colorista.

En la galería que ha sido restaurada se han encontrado en las paredes firmas de los diversos espectadores, tanto romanos como extranjeros, que asistían a ver la lucha de gladiadores y las sueltas de leones y otras fieras en la arena. Pero no sólo hay firmas y textos diversos, más o menos largos, sino que aparecen dibujos pornográficos, entre los que destacan dos gruesos penes con testículos. Estos dibujos se encuentran casi en la bóveda y los expertos consideran que fueron grabados después del gran incendio del 217 d.C. como símbolos protectores contra la mala suerte. También los restauradores suponen la existencia de un zócalo color burdeos de más de metro y medio de altura, decorado con tonos ocres, bancos azules y rosas.


El coliseo en la actualidad
Los trabajos de restauración de dicha galería están muy adelantados y todo hace suponer que finalizarán en breve. Los directivos del Coliseo tienen previsto abrir dicha galería al público una vez terminada la restauración, pero antes los restauradores afirman que aún tienen mucho que estudiar en esa zona y que presuponen que encontrarán nuevas sorpresas. En la extensión de la galería, los citados 60 metros, se conservan intacta la estructura arquitectónica original desde el pavimento hasta la bóveda, lo que es una característica única en todo el Coliseo. En las paredes de dicha galería se han encontrado diversos elementos decorativos entre los que destacan flechas, palmas, coronas de laurel y diversas inscripciones relativas al mundo de los gladiadores, los que a los diversos especialistas que participan en la restauración les parecen un descubrimiento de gran importancia para poder reconstruir la vida del Coliseo a lo largo de toda su historia.

El Coliseo ocupó parte de lo que fue el lago artificial de la Domus Aurea (Casa Dorada), a la que daba nombre la gigantesca estatua de 120 pies de altura que Nerón había mandado colocar cerca de ese lugar.

A lo largo de su historia se dieron multitud de espectáculos circenses que duraban meses y morían miles de cristianos y gladiadores; sin embargo, el festival más sangriento fue el que ofreció el emperador Trajano para celebrar la conquista de la Dacia, ofreciendo durante 117 días seguidos espectáculos circenses en los que participaron 9.000 gladiadores y 10-000 animales.

En la actualidad, el coliseo es el símbolo de Italia y de Roma, siendo su monumento más visitado y el tercero de Europa, siendo el primero la National Gallery de Londres seguido por el Museo del Louvre de París.

Este gigante de la Historia ha demostrado que los graffitis ya existían hace veinte siglos y dejaron su huella y su recuerdo en las paredes de una galería del Coliseo romano, como testimonio de que el ser humano siempre ha buscado dejar su huella, la señal de que ha pasado por un lugar concreto y en un día determinado, quizás como la única posibilidad a su alcance de dejar constancia de su propia existencia, la que ha quedado enterrada en el inevitable devenir de los siglos y de la que sólo queda constancia en su fugaz y personal graffiti en un muro cualquiera que ahora la Historia recobra del largo olvido en el que yacía enterrado.