Farinelli, cantante, castrato

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domingo, 2 de marzo de 2008

¿Es Cataluña una nación?





por Ana Alejandre



Los partidos nacionalistas han mantenido durante décadas la afirmación de que Cataluña es una nación y así está contenido este manifiesto en el Estatuto de Cataluña. Esta inclusión ha sido, además, auspiciada por Zapatero y su Gobierno y refrendada por el PSOE, en un acto inaudito que no tiene antecedentes en Europa y cuya afirmación es contraria al propio postulado de la Constitución Española de 1978. Por ello, el enigma de si Cataluña es una nación, según manifiestan los nacionalistas catalanes, se convierte en un enigma histórico para quienes no conocen la Historia de España y ,por ende, la de Cataluña que siempre se consideró una parte más de la nación española pero nunca una nación independiente como están queriendo hacer creer los grupos catalanistas a espaldas de la Historia.


Por ello, hay que empezar a desempolvar un poco la Historia de España y la de Cataluña como parte integrante de ella.


El catalanismo como tal movimiento nacionalista es tardío, ya que sólo a finales del siglo XIX fue cuando Francesc Cambó comenzó a predicar dicha teoría nacionalista por las tierras de Cataluña. En sus Memorias describió el ambiente con el que se encontraba y habla sobre catalanismo: “era una cosa mísera cuando, en la primavera de 1893 inicié en él mi actuación…” afirmando que al llegar a la zona del Penedés y del Vallés en las que había algún catalanista aislado, los payeses que escuchaban sus proclamas no los tomaban en serio. Josep Pla añadía también que los catalanistas eran muy pocos, añadiendo que había uno solo por cada zona y que siempre era alguien distinguido y al que consideraban un poco chalado. Esto demuestra que el concepto de que el catalanismo proviene de que Cataluña es un pueblo oprimido secularmente por España es una quimera y que la Historia de Cataluña y la de España siempre han sido la misma cosa.


En la época del Imperio, los romanos crearon el término de Hispania, incluyendo en sus límites a los territorios que serían llamados Cataluña en la Edad Media. Por eso Tarraco, la actual Tarragona, fue capital de una de esas Hispanias. Cuando desapareció el Imperio romano y se asentaron los visigodos crearon su dominio en un reino al que llamaron España. La primera capital de ese reino con Atauúfo fue Barcelona, capital que fue trasladada poco después al centro de la península por motivos puramente logísticos , concretamente a Toledo. Era entonces cuando los escritores visigóticos, entre ellos San Isidoro de Sevilla, hablaban de una nación llamada España con raíces romanas y cristianas. Este concepto de España no cambió cuando la invasión musulmana del 711 que derrumbó el reino visigodo.


Para protegerse de la invasión musulmana los reyes francos se apoderaron de tierras situadas al Sur de los Pirineos a las que llamaron la Marca Hispánica y las convirtieron en una especie de territorios defensivos. Esos mismos monarcas francos sabían que esos territorios ocupados por ellos eran España y a los que se les llamaría siglos más tarde Cataluña.


Fue en el año 815 cuando Ludovico Pío, rey de Aquitania y soberano de Septimania, promulgó un precepto en defensa de los habitantes del condado de Barcelona y de otros condados subalternos a aquel. En dicho texto se habla de “los españoles”, pero nunca de “los catalanes” o de la palabra Cataluña, añadiendo que muchos “españoles”, así llama a los habitantes de dichos territorios habían huido de los abusos de los musulmanes sobre ellos y se habían retirado a Septimania o a otras partes de España que obedecían a los reyes francos.


Los condes de Barcelona que eran vasallos del reino franco hasta 1096 tuvieron orígenes extranjeros, a exdepción de la descendencia de Berenguer III que se casó con María, hija del Cid Campeador, ya que hasta ese año todos sus matrimonios se habían realizado con mujeres procedentes del Norte de los Pirineos. En el 1137, Ramón Berenguer IV contrajo matrimonio con la princesa Petronila de Aragón, rompiendo la ancestral costumbre de sus antepasados de contraer matrimonio con mujeres de fuera del territorio español. Con este matrimonio los territorios bajo el condado de Barcelona – que en ningún momento se habían llamado Cataluña ni tenían pretensión de ser una nación- se sumaban a la corona de Aragón, pero no como una confederación catalano-aragonesa como afirman los nacionalistas, lo que es una mentira histórica , sino por vía de matrimonio y así dichos territorios se sumaban al esfuerzo común de España por recuperar la hegemonía sobre los musulmanes.


La conciencia de ser una parte de España la han mostrado muchos monarcas que ejercieron su reinado sobre los territorios llamados hoy Cataluña, y son evidentes en afirmaciones que hicieron los propios monarcas. Así Jaime I, en el Concilio de Lyon, antes de ofrecer sus hombres y naves para emprender una cruzada afirmaba:” Barones, ya podemos marcharnos; hoy a lo menos hemos dejado bien puesto el honor de España”. Este mismo monarca cuando ayudó a Alfonso X en su lucha contra los moros de Murcia también decía que lo hacía para “salvar el honor de España”. Igualmente, Pedro III afirmaba que había salvado el honor de España cuando acudió a Burdeos para luchar contra Carlos de Anjou.


Además de estos monarcas que reinaban sobre Cataluña, también pensaban lo mismo sobre la realidad de ser parte de España sus historiadores, por ejemplo, en el siglo XIV el catalán Ribero de Perpejá escribió la Crónica de Espanya en la que señalaba como Cataluña a la que era una parte de esa España desarbolada por la invasión musulmana pero deseosa de reunificación. Además el gran historiador Ramón Muntaner reclama una política conjunta de los cuatro reyes de España y de los que afirmaba que "eran de una sola carne y una sola sangre". Por ello, los guerreros almogávares, tan catalanes, luchaban al grito de guerra “¡Aragón”, Aragón¡” y no invocando a Cataluña y esto sólo podían hacerlo porque la actual Cataluña era parte del Reino de Aragón y no una nación soberana e independiente.


Por su parte, el autor Bernat Desclot, cuya lectura es aconsejable para desmentir todas las mentiras históricas urdidas por los nacionalistas catalanes, ha dejado muestras de ellas, por ejemplo, al hablar de la batalla de las Navas de Tolosa, de 1212, al señalar que en ella intervinieron los tres reyes de España entre los que se contaba el Rey de Aragón; al igual que al mencionar un viaje del conde de Barcelona para entrevistarse con el emperador de Alemania, se presentó ante éste afirmando:” Yo soy un conde de España al que llaman el conde de Barcelona” y ,por ello, afirma Desclot que el emperador le dijo a miembros de su séquito que : “…han venido dos caballeros de España de la tierra de Cataluña”.


Todo eso demuestra que los catalanes medievales tenían clara su condición de españoles, aunque esto lo nieguen actualmente los nacionalistas catalanes que tratan de convencer a sus conciudadanos y al resto de los españoles que Cataluña siempre fue una nación soberana e independiente, haciendo tabla rasa de la Historia y de la verdad.


Pues a pesar de lo que sucede actualmente, en los siglos posteriores a los mencionados los catalanes, a lo largo de la Historia, hicieron manifestaciones continuas y sinceras de su españolidad. Ejemplo de ello fue que los catalanes participaron en la guerra civil de principios del siglo XVIII que algunos pretender definir como un conflicto independentista catalán, aunque sólo fue una lucha dinástica entre el pretendiente austriaco frente al Borbónico y en la que presentan a Casanova como un líder nacionalista, lo que es toda una mentira histórica más de las muchas esgrimidas por los nacionalistas.


A principios del siglo XIX los catalanes también, como el resto de los españoles, resistieron el asedio francés en el Bruch y en el asedio de Gerona y no hay que olvidar que una de las más importantes heroínas contra la invasión francesa fue la catalana conocida como Agustina de Aragón. Y como el resto de los españoles combatieron en Marruecos en 1859, a las órdenes del general Prim que era catalán y desfilaron por las calles al son de Los voluntarios, una marcha que se interpretaba por primera vez. Además, los catalanes también sufrieron el desastre de Filipinas en 1898 y cuatro, de los treinta y tres soldados españoles muertos allí, eran catalanes. Y en la Historia más reciente de España, los catalanes participaron en la Guerra Civil de 1936, en la que destacó el Tercio de Monserrat que, unido al ejército nacional, tuvo un papel glorioso en la batalla del Ebro.


Por lo tanto, esto justifica y redunda en lo afirmado por Cambó y Pla cuando dicen que los primeros catalanistas de finales del siglo XIX eran pocos y, además, considerados chalados por sus convecinos. Esta mentira histórica, creada por los nacionalistas para defender la idea de que Cataluña ha sido siempre una nación independiente está fraguada, como afirma Prat de la Riba ,en el odio, no en el amor. Y ese legado de odio y de mentira sobre la verdadera condición de Cataluña como parte de la nación española es la que están inoculando a las diversas generaciones que crecen con la idea de que España es un país invasor de sus territorios y, por tanto, es un país extranjero opresor. Todo aquel catalán, o ciudadano del resto de España, que no comparta esta mentira sobre la nacionalidad independiente de Cataluña es acusado de ser catalanófobo. Por ello se prohíbe, cada vez de forma más evidente y agresiva por parte de las instituciones catalanas, la enseñanza en castellano, aunque sea el idioma oficial reconocido en la Constitución para todos los españoles, aunque también la propia Carta Magna reconoce el derecho de cada Comunidad a utilizar su propia lengua vernácula. Y este odio hacia lo español, sustentado en una mentira histórica que niegan los hechos y la verdadera Historia de España y, por ende, de Cataluña, es la que está marcando el rumbo a la política catalana en la que los derechos de unos y otros ciudadanos son diferentes según sean nacionalistas o no, porque todo aquel catalán que, por serlo, se siente igualmente español, es considerado un enemigo de ese nacionalismo nacido hace un siglo y que está sustentado en las mentiras que desvirtúan los hechos históricos para acercarlos más a la idea de Cataluña como nación que interesa tanto a los nacionalistas, demostrando la verdad que encierra el dicho de que “una mentira repetida infinitamente termina siendo verdad para quien la dice”.


Sin embargo, la verdad es otra muy distinta, le pese a quien le pese, pero quien dice la verdad es la Historia con la contundencia de los hechos y de las crónicas en las que reside esa verdad que el nacionalismo catalán intenta cambiar, negar y disfrazar de mentira para así poder vender mejor su utopía de que Cataluña ha sido y es una nación independiente.