Farinelli, cantante, castrato

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lunes, 12 de febrero de 2018

Imperiofobia y leyenda negra



Imperiofobia y leyenda negra
Prólogo de Arcadi Espada
María Elvira Roca Barea
Siruela
Madrid, 2017, 460 págs.






"Imperiofobria y leyenda negra", una obra imprescindible que hace un exhaustivo análisis del término "imperofobia" y dilucida la idea de leyenda negra y sus orígenes e inventores.

Ana Alejandre



En la época actual la fobia contra todo lo que suene a “imperio” se relaciona siempre con el conservadurismo político y la derecha ideológica, en una unión absurda que desvirtúa lo que el concepto “imperio” supuso en la historia de todos los países que se vieron implicados por pertenecer a uno de los existentes en cada momento histórico o ser cabeza del mismo.

La autora de esta obra, María Elvira Roca Barea –colaboradora del Consejo superior de Investigaciones Científicas y profesora en Harvard-, intenta realizar un análisis exhaustivo y riguroso de lo que significa realmente el término “imperio”, además de dilucidar la idea de leyenda negra –de la que trató extensa y profundamente, en su momento, Salvador de Madariaga-, y del término recientemente acuñado de imperiofobia que ha sido creado, difundido y sostenido especialmente por los representantes de las diversas izquierdas como arma arrojadiza contra la derecha. 

Especialmente, la oportunidad de esta obra de gran éxito -ya va por su quinta edición-, es la constatación, por parte de la autora, del bajo nivel de autoestima que tenemos los españoles en la actualidad, aunque viene desde hace siglos, hacia todo lo que se pueda titular como “español”, fenómeno que no es habitual en otros países europeos en los que sus ciudadanos se sienten orgullosos de su país, de su bandera, de su tradición e historia.

Esta obra, pues, es una vía rigurosa para conocer qué son realmente los imperios y qué tienen de nexo común; además, de saber cuáles son las leyendas negras que nacen indefectiblemente de cada uno de ellos como algo consustancial al propio concepto de imperio, y de las que sus creadores son siempre representantes de determinados poderes locales o de grupos de opinión en el propio seno de países sometidos a dicho imperio, siempre dominados por las oligarquías que, a su vez sustentan los grupos mediáticos creadores de opinión y a los intelectuales que están a su servicio. La leyenda negra no es algo que surja espontáneamente, sino un concepto, un ideario que está formado y difundido de forma premeditada y al servicio de ciertos intereses que lo promueven.

Aunque la escritora le da preponderancia a la historia del imperio español, también analiza, en sus distintos apartados, los casos de Roma, Estados Unidos y Rusia, cuyos casos le sirven de contraste y perspectiva para analizar el caso del Imperio español.

La definición que hace el Diccionario de la RAE de la leyenda negra es que aquella es la «opinión contra lo español difundida a partir del siglo XVI» y, también, la «opinión desfavorable y generalizada sobre alguien o algo». Roca Barea analiza dicho concepto como algo que aún subsiste y no como cosa ya superada, como afirman otros estudiosos en diferentes obras. Si la leyenda negra desapareciera, sería necesario volver a reescribir la historia de Europa de nuevo, afirma la autora. Además, analiza su gran expansión de la llamada leyenda negra que se difundió a través de las corrientes culturales más importantes en Europa, como fueron el Humanismo y la Ilustración, pasando desde el nacionalismo germánico al italiano.

La primera prueba de hispanofobia en Italia surgió durante el desarrollo del humanismo, a partir del siglo XVI, lo que le concedió a la leyenda negra un cariz intelectual que conserva todavía y de la que la autora de esta obra investiga las razones de su perdurabilidad, llegando a la conclusión de que está siendo utilizada de forma deliberada en la crisis de la deuda, por lo que parece que este recurso antiespañol le es bastante favorable a muchos países, algunos muy,cercanos, en los tiempos de crisis económica. La leyenda negra también tiene connotaciones antisemitas ya que. en la época en la que se fraguó. a los españoles los acusaban de tener sangre de “marranos”, es decir mezcla de judíos y españoles.

Después, la l,eyenda negra fue la piedra angular del nacionalismo luterano y de otras tendencias culturales y religiosas que se propagaron por los Países Bajos e Inglaterra. También, en el nacionalismo alemán se encuentra un antisemitismo muy beligerante y un rechazo total hacia todo lo latino que ya existía en el siglo XV. Pero fue en el siglo XVI, cuando Carlos V y Felipe II, que usaron el oro y la infantería española para hacerse con el cetro, hicieron que los príncipes alemanes recelaran del poder real que podía ser un obstáculo a su independencia, lo que aumentó el sentimiento antiespañol, utilizando a la religión como excusa, dada la propagación del luteranismo.

El imperio español se vio impotente para frenar los nacionalismos emergentes del siglo XVI que coadyuvaron al nacimiento del protestantismo y la propaganda antiespañola. Felipe II no supo reaccionar adecuadamente contra una rebelión en los Países Bajos, animada por la nobleza local y disfrazada de guerra religiosa, cuando los intereses que la habían armado eran políticos. El monarca español se confundió al pensar que la verdad terminaría venciendo y no supo crear una contrapropaganda eficaz que la contrarrestara.

La autora analiza muchos de los principios en los que se basaba la leyenda negra española, en cuanto se refiere a la conquista de América. Aduce que el supuesto genocidio de indígenas no fue tal, ya que se desconocen las verdaderas cifras de indígenas que existían cuando llegaron los españoles y a estos les hacían falta los indígenas para construir el Imperio en esas latitudes. Lo que demuestra el hecho de que los españoles se mezclaron con los indígenas a los que nunca rechazaron, creando así un extenso mestizaje.

En definitiva, una obra interesante, rigurosa y exhaustiva en la que se puede encontrar la afirmación de que las leyendas negras acompañan a todo imperio, fenómeno que se repite en la actualidad en el caso de los Estados Unidos y su propia leyenda negra, por la acusación que reciben de su política expansionista, aunque sea meramente económica y no territorial.

Obra muy interesante y recomendable para los amantes de la historia, especialmente de la española, que ayuda a comprender muchos de los enigmas de nuestro pasado y el origen de la leyenda negra que aún parece acompañarnos, a pesar de que el Imperio español ya no existe, pero que ha quedado como un residuo permanente en el imaginario de los españoles y de otros países que lo utilizan cuando conviene a sus intereses y a sus propias políticas.

domingo, 10 de septiembre de 2017

“Crónicas de la Primera Guerra Mundial”, de Rudyard Kipling


Portada de “Crónicas de la Primera Guerra Mundial”, de Rudyard Kipling



“Crónicas de la Primera Guerra Mundial”, de Rudyard Kipling, colección de artículos de prensa sobre el conflicto bélico que asoló Europa.

Artículos escritos para levantar el ánimo de la tropa y animar al pueblo francés por la segura victoria de los aliados.


Todos los lectores conocen a Rudyard Kipling lo hayan leìdo o no, pero su nombre les habla de un gran escritor inglés aunque nacido en Bombay (la India) país en el que pasó los primeros años de su vida y le marcó profundamente.

Escritor especialmente controvertido que gozaba de pocas simpatías por sus ideas imperialistas y militaristas, autor entre otras de la famosa obra “El libro de la selva” que fue llevada al cine animado con gran éxito. Kipling, además, es considerado el creador de ideas estereotipadas de países como la India o Japón, aunque todas estas características no le impedían ser reconocido como un extraordinario cuentista y un excelente poeta, a pesar de las críticas recibidas porque escribía versos de excesiva claridad.

En esta obra Crónicas de la I Guerra Mundial, corta en extensión porque sólo tiene 121 páginas, constituida por la compilación de los artículos periodísticos de cariz propagandístico para levantar la moral a la tropa y contra el ejército alemán, al que calificaba de "deshumanizado", que escribió Kipling durante el conflicto bélico llamado la Gran Guerra, no deja de hacer continuas alabanzas al pueblo francés, a su cultura y lengua, en un denodado esfuerzo por fomentar la sensación en los lectores de una futura victoria de los aliados.

Esta obra es un conjunto de crónicas excelentes que sirven de eficaz testimonio de esa difícil época que pasó Europa en la que los intelectuales tuvieron que sufrir una excesiva presión para evitar sus críticas al conflicto bélicos, sus causas y la forma de ser llevado a cabo por los gobernantes de los países aliados que intervinieron en el conflicto.

Kipling no quiso mantener un silencio cauto y manifestó sus ideas no siempre comprendidas, a pesar de que su hijo Jack murió en el frente, lo que no le hizo perder el fervor en defensa de sus ideas, aunque, paulatinamente, fue cayendo en una profunda desilusión.

Esta obra es, pues, una colección de crónicas escritas de primera mano por un testigo de excepción que vivió en aquella convulsa época en la que Europa se vio envuelta en un espantoso conflicto bélico que no arregló los problemas políticos existentes y que, dos décadas después, se vio continuado con la II Guerra Mundial como colofón siniestro a la locura humana.

Por ser artículos periodísticos que obligan a la brevedad y la concisión, esta obra ofrece una lectura amena, clara y directa de la controvertida visión personal de su autor de la I Guerra Mundial, uno de los mejores escritores de cuentos en lengua inglesa que ofrece en todos sus escritos una prosa, clara, sencilla y directa.

Su lectura es recomendable pues no es una obra escrita a posteriori y usando los archivos históricos de la I Guerra Mundial, sino que tiene el interés intrínseco de estar escrita por quien la vivió directamente y realiza un continuo intento para elevar no sólo la moral de los soldado, sino también para animar a la población civil europea de la natural depresión por ser los destinatarios directos del sufrimiento, terror y muerte que conlleva un conflicto armado de la magnitud de la Gran Guerra.

Se podrá estar de acuerdo o no con los planteamientos que hace Kipling, pero sus comentarios al respecto de los sucesos bélicos no pueden dejar indiferentes a nadie, porque en ellos se muestra el esfuerzo de un hombre, de un gran escritor, por encontrarle sentido al sinsentido de toda contienda, de toda carnicería que es toda guerra,  en  la que nunca puede haber vencedores ni vencidos, sólo países derrotados por el sufrimiento, el horror y la muerte en una escalada mortal de locura colectiva.
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Crónicas de la Primera Guerra Mundial, Rudyard Kipling, Traducción de Amelia Pérez de Villar.` Fórcola. Madrid, 2016.


domingo, 5 de marzo de 2017

Los Romanov

Los Romanov
1613-1918
Simon Sivag Montefiore
Crítica, 2016


Portada de Los Romanov
Simon Sivag Montefiore, el autor de este libro, ha tomado la difícil tarea de narrar la historia de los zares de Rusia desde 1613 hasta 1918, año en el que puso fin al zarismo cuando el Zar Nicolás II y toda su familia fueron asesinados por los bolcheviques, en Ekaterimburgo, el 17 de julio de 1918.

Sivag Montefiore es un gran conocedor de la historia, pues la estudió en el Gonville& Caius College de Cambridge. Posteriormente, durante la década de 1990, recorrió toda la antigua Unión Soviética, especialmente el Cáucaso, Ucrania, Asia Central y escribíó sobre Rusia para varias publicaciones como son el New York Times, el Sunday Times y El Espectator, entre otras publicaciones. Por lo tanto, no es un neófito en esta materia.

En esta obra nos presenta a los Romanov como zares que gobernaron Rusia durante trescientos años con mano férrea y acierto, en muchas ocasiones, consiguiendo que su país pasara de ser un reino pobre y arruinado por la guerra civil y, por lo tanto, débil, a convertirse en un imperio que extendió su dominio e influencia por toda Europa.

Aparecen subrayadas las figuras de los dos más grandes Zares que ha tenido Rusia: Pedro el Grande, cuyo nombre provenía de su gran estatura, que con su férreo y tiránico gobierno, en el que mató a todos sus adversarios sin dudarlo, por una parte, y Catalina la Grande -coincidencia en el sobrenombre que les ha otorgado la historia-, la princesa alemana que no dudó en derrocar a su propio marido para convertirse en la Zarina más brillante de la historia de Rusia, por la otra. Ambos coinciden en grandeza, pero también en vicios como la dipsomanía de Pedro el Grande y la promiscuidad sexual, no exenta de atractivo irresistible, en el caso de Catalina, la que siguió aumentando el poder y la influencia de Rusia ante toda Europa en una ascensión imparable.

Pero todo no fue grandeza en la historia de los zares, porque las figuras de dos zares, Pedro III y, su hijo, Pablo I, marido e hijo, respectivamente, de Catalina II (La Grande) que mostraron su incapacidad para gobernar, su irresponsabilidad y, lo que es peor, su desequilibro mental, son el negativo de la grandeza de sus antecesores en el gobierno. Ambos zares murieron asesinados y hay sospechas de que en la muerte de Pedro III tuvo gran influencia la propia zarina, su sucesora que le valió el desprecio de su hijo.

Aparecen otras figuras que fueron menos idóneas para el gobierno de Rusia como Nicolás I, hijo de Pablo I y nieto de Catalina La Grande, y el propio Nicolás II, que fueron más débiles que los dos antecesores y grandes gobernantes por lo que no supieron evitar la I Guerra Mundial y la posterior revolución bolchevique. Nicolás II, con su asesinato y el de toda su familia, cierra la lista de los zares de Rusia.

El autor de esta obra muestra que el imperio ruso siempre ha sido dominado y gobernado tanto por los zares y, después del zarismo, por los gobernantes posteriores a los que acompañaban sus respectivas camarillas desde el primer Zar en 1613 hasta llegar a los siguientes autócratas como Lenin y Stalin y el actual presidente Putin con su férreo mandato
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En esta obra no sólo aparecen datos históricos, fechas y lugares, sino también el retrato psicológico de los personajes que fueron protagonistas de la historia rusa y demuestra que esta se repite en cuanto al dominio férreo del poder, al autoritarismo sin fisura tanto con los zares como durante el régimen soviético y su posterior caída, y en la actual apertura hacia Occidente de sus régimen político, pues el poder omnímodo de quienes ostentan el poder y sus camarillas sigue siendo el protagonista de un país que ha cambiado mucho en su apariencia, pero sigue siendo fiel a su tradiciones entre las que se cuentan los gobiernos autocráticos y férreos.


Interesante obra, aunque sólo se podría decir en su contra que le faltan muchas páginas por el tema tan extenso, complejo e interesante que trata y que requeriría mucho más espacio para abarcar todo lo que se refiere a la historia de los Romanov y su apasionantes vidas llenas de luces y sombras, y también a la siempre rica, fascinante y hermosa tierra rusa y su apasionante historia.