Farinelli, cantante, castrato

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sábado, 2 de noviembre de 2013

Pompeya: la ciudad surgida de sus cenizas

por Ana Alejandre                                                                                   
Vaciado de los cuerpos de las víctimas de
la erupción del Vesubio
                                                                             

                 Las obras de restauración de esta mítica ciudad que fue cubierta por las cenizas del volcán Vesubio en el año 79 d.C., se iniciaron en el mes de febrero de este año, por el mal estado que presentaba este yacimiento arqueológico que fue  declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad, y cuyo deterioro fue denunciado en varias ocasiones.
            La primera fase de estos trabajos de restauración tendrán como objetivo la Casa de los Dioscuros y el Criptopórtico, con un presupuesto de 1,4 millones de euros para la primera, a fin de construir una cubierta que proteja los frescos que hay en su interior; mientras que en el caso del Criptopórtico los trabajos tendrán como finalidad el fortalecimiento del muro y la construcción de una pasarela. Todos estos trabajos tienen un presupuesto de 105 millones de euros, de los que el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) pondrá 41,6 millones.
            Pompeya, ciudad  de Campania, situada en el sur de Italia a pocos kilómetros del monte Vesubio, entre Herculano y Stabias (actual Castellammare di Stabia), fue fundada hacia el 600 a.C. por los oscos, y conquistada posteriormente por los samnitas. Durante la dictadura de Lucio Cornelio Sila se convirtió en colonia romana en el año 80 a.C. Pasó a ser el lugar predilecto de los romanos más acaudalados, llegando a alcanzar una población entre 20.000 a 25.000 habitantes, en los albores de la era cristiana.
            En el año 63 d.C. un terremoto la destruyó parcialmente, para ser sepultada completamente bajo las cenizas del volcán Vesubio, en el año 79 d.C., junto a las ciudades vecinas de Herculano y Stabias.
  Ha permanecido sepultada durante 1.500 años bajo la espesa capa de cenizas y olvido. Comenzaron las excavaciones por orden del rey Carlos de Borbón, el futuro Carlos III de España,  para hacerla surgir de las cenizas en 1748, cuyos trabajos de excavación fueron conocidos gracias al arqueólogo alemán Johann Joachim Winckelmann. Los trabajos continuaron durante los siglos XIX y XX, produciéndose nuevos e importantes descubrimientos. Sin embargo, los restos arqueológicos sufrieron daños muy importantes por los ataques aéreos sufridos durante la II Guerra Mundial, aunque después fueron restaurados.
            Aunque los trabajos de restauración han comenzado hace unos meses, aún queda una cuarta parte de la ciudad por excavar, y la mayoría de esa zona está aún sepultada por toda la tierra que ha sido removida durante las excavaciones anteriores. Todo ello promete que en el futuro se conseguirán nuevos e importantes descubrimientos en dicha zona aún por excavar.
                Las críticas que se produjeron por el abandono de los restos arqueológicos de Pompeya, además  de los robos que han sufrido,, además de la perniciosa presencia  en esa zona de la mafia napolitana, la Camorra, que ha sido acusada de tener intereses en la misma zona.
            Los destrozos que ya tenía dichos restos arqueológicos se vieron incrementados por las fuertes lluvias que sufrió la zona durante los años 2010 y 2011 y que produjeron, entre otros deterioros, la caída del enclave arqueológico de la Casa de los Gladiadores.
            Por ese motivo, en febrero de este año, la Comisión Europea y el Gobierno italiano tomaron la decisión de realizar estas obras de restauración con las que intentan que recobre la ciudad de Pompeya su mejor imagen que había perdido por las continuas críticas que realizaban los expertos, a fin de aumentar su interés turístico y, por tanto, el número de visitantes y que los correspondientes ingresos que recaba dicha zona se vean también engrosados.
            La restauración de Pompeya llega en medio de la polémica suscitada por el estado de conservación de otros importantes monumentos italianos, como el del Coliseo, donde se han producido diversos desprendimientos de su fachada externa.
            Entre los descubrimientos más importantes realizados en el enclave arqueológico de Pompeya se cuenta el estado de conservación extraordinario de los objetos encontrados, ya que la lluvia de cenizas húmedas que produjo la erupción del Vesubio produjo un sello
hermético sobre la ciudad, lo que motivó la extraordinaria conservación que presentan las diferentes estructuras viarias, templos, tiendas, termas y las viviendas particulares. A todo ello se unió el descubrimiento de más de 2.000 víctimas, entre los que se contaban varios gladiadores que aparecieron encadenados para que no se escaparan. Las cenizas, mezcladas con la lluvia, cubrieron los cuerpos y, una vez desaparecidos estos, conservaron en su oquedad la forma de los mismos, por lo que los investigadores rellenaron los milenarios moldes con escayola líquida y eso ha permitido recobrar la forma que tuvieron los cuerpos de los desdichados en el momento de su muerte. Algunas de estas figuras se conservan en el museo construido en la actual ciudad de Pompeya, cerca de Porta Marina, una de los ocho puertas que tenía la ciudad. Se sabe que la mayoría de los habitantes escaparon del desastre, llevándose consigo sus pertenencias personales.
            Todos los edificios, vías públicas y objetos de toda índole que se han hallado en
Pompeya, forman un muestrario magnífico, real y auténtico de la vida en una ciudad italiana en el siglo I. d.C. Los distintos edificios rescatados de las cenizas, que representan una sabia transición desde el estilo griego puro a las técnicas de construcción del Imperio romano, han sido de gran utilidad para el estudio de los sistemas de construcción de la arquitectura romana y todo el conjunto de las ruinas de Pompeya han sido declarado Patrimonio cultural de la Humanidad en 1997.