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domingo, 9 de abril de 2023

AGRIPINA, PRIMERA EMPERATRÍZ DE ROMA

 


Agripina. Primera emperatriz de Roma
Emma Southon
Traducción de Marc Figueras
Pasado & Presente,
272 páginas

Ana Alejandre

La historia de la Antigua Roma y el esplendor del Imperio Romano siempre ha despertado una gran fascinación en los lectores, incluso si se compara con otros períodos históricos más recientes. Quizás se deba a que esa época histórica ofrece en sus crónicas más atractivos que las demás por tener en ella cabida más virulencia, intensidad y crueldad .encarnados en sus protagonistas, siempre masculinos, con sus muchos escándalos que provocaban sus continuos adulterios, incestos, orgías, asesinatos, conjuras, traiciones, y guerras fratricidas, lo que espolea la imaginación de los lectores que encuentran en ellos una continua sucesión de hechos a cual más morboso y excitante.

No podía ser menos fascinante la historia de Agripina. Julia Agripina, nacida, probablemente, en Oppidum Ubiorum, en el año 15 d.C. también conocida como Agripina la Menor. Fue la hija mayor de Germánico y Agripina la Mayor, y, por tanto, bisnieta de Marco Antonio y Octavia la Menor. Fue, además, hermana de Calígula, también esposa y sobrina de Claudio y madre de Nerón. Con esta genealogía no podía tener una vida muy rutinaria y plácida, porque la dinastía Julio-Claudia a la que pertenecía, ha dado muchas páginas a la historia de escándalos sexuales, crímenes, traiciones, conjuras como para llenar por sí solos muchos tomos.

La autora de esta obra manifiesta en la introducción su deseo y empeño de realzar la figura de Agripina, a la que considera una figura extraordinaria, y sacarla del olvido en la que la sepultaron los hombres que la rodeaban y que siempre eran los protagonistas de la historia y las mujeres solo figuras decorativas y condenadas al ostracismo y casi el anonimato, en su condición de mujer. Sin embargo, Agripina fue una mujer que, sin ostentar directamente el poder, permaneció en el epicentro del gobierno imperial durante más años que muchos afamados emperadores consiguieron estar.

Agripina se dio cuenta desde muy joven de los círculos de poder reservados a los hombres y en los que no tenía cabida ninguna mujer por el hecho de serlo. No se resignó e intentó tomarlos a la fuerza. Conjuró contra su hermano, siendo este ya el emperador Calígula y fue descubierta y condenada al destierro. Cuando volvió a Roma, después de la muerte de Calígula, intimó con su tío Claudio que había sido nombrado emperador y estaba ya viudo de Mesalina a la que había mandado ejecutar. Se casó con él y tuvieron un hijo varón que sería conocido como Nerón.

La autora de esta obra es una experta conocedora de historiografía romana, por su profesión de historiadora, y escribe con rigor, conocimiento y una gran profusión de datos que no solo ofrece en la narración, sino que los utiliza para dar su propia versión de experta en esta apasionante época histórica. Su escritura utiliza un lenguaje sencillo, claro, casi coloquial, que rompe un poco los esquemas de este tipo de obras, pero que ella ha declarado usar para acercar a muchos lectores que se aburren con los libros de historia, por la forma académica en la que han sido siempre escritos. El tono de esta escritora es siempre directo y, muchas veces, destila ironía e, incluso, sarcasmo. Se dirige al lector para hablarle como si fuera un interlocutor con el que compartir ideas y opiniones.

La narración se divide en cinco capítulos, en los que los hombres siempre tienen un lugar porque así sucedía en la vida real en la que los varones estaban a la luz y las mujeres en la sombra y solamente eran débilmente iluminadas por el resplandor de ellos. Al principio era su padre, Germánico, después fue la sombra de Calígula, el emperador y su hermano y, más tarde, su tío Claudio, al contraer con él matrimonio, lo que provocó un gran escándalo porque era hermano de su padre y, por lo tanto, se consideraba que dicho enlace era incestuoso. Después de enviudar, tuvo que soportar los rumores de que había matado a su marido, Por último, pasó a ser la madre de Nerón, el emperador tirano que no quiso compartir el poder con ella.

Es por todo esto que esta obra, por lo elementos históricos que la componen, los personajes singulares y todas sus complejidades psicológicas, los hechos narrados y el escenario histórico en el que se desenvuelve, es una narración muy fácil y amena de leer, en la que encontrará el lector datos fidedignos y rigurosos, pero siempre teniendo la sensación de que está dialogando con la autora por su desparpajo, soltura narrativa y ese tono coloquial de compartir con el lector sus opiniones, como intentando un diálogo mutuo que enriquecerá a ambos.

 

 

jueves, 9 de julio de 2020

LAS GUERRAS PRIVADAS DEL CLAN BONAPARTE, MADAME DE RAMUSAT




“Las guerras privadas del clan Bonaparte”
Madame de Rémusat
Arpa
Barcelona, 2019, 320 pp.


«Napoleón no llegó solo a Francia. Lo hizo rodeado de un clan familiar hambriento y ambicioso de poder». (Stefan Zweig).

Ana Alejandre

Las memorias de Claire,fueron escritas después de la caída del emperador y cuando los Rémusat se hallaban instalados cómoda y satisfactoriamente en la Francia de Luis XVIII, ofrecen un perfecto retrato pleno de fina ironía y sacan a la luz la verdad de la corte de Bonaparte y las mezquinas querellas familiares entre los Bonaparte y los Beauharnais


Napoleón Bonaparte, cuando creó su corte, nombró a Madame de Rémusat dama de compañía de la emperatriz Josefina. Este nombramiento no era un capricho de Bonaparte, sino que lo hizo por las cualidades de dicha señora, autora de esta obra, ya que hacía gala de su ingenio, inteligencia y bagaje cultural. Por estas características tan envidiables pasó también a ser la conversadora favorita de Napoleón, así como también fue la acompañante predilecta de la emperatriz Josefina, de la que pasó a ser amiga y confidente desde el principio.

De esta forma, Madame de Rémusat se convirtió en un testigo privilegiado de aquellos años convulsos, los primeros del siglo XIX en Francia. Por ello, estas memorias están repletas tanto de juiciosas y sensatas ideas políticas, como de comentarios, muchas veces críticos y mordaces, sobre la vida de la extraña familia Bonaparte, que los convierte casi en una crónica de la vida secreta de Napoleón y a esta obra en un verdadero tratado de psicología cargado de humor.

La autora escribió esta especie memorias después del derrocamiento de Bonaparte, y cubre el período de de 1802 a 1808, cuando los propósitos que tenía Napoleón sobre España iniciaron los primeros desacuerdos entre el Emperador y Talleyrand.

“Las guerras privadas del clan Bonaparte”, libro inédito hasta ahora en España, es más que una especie de colección de vivencias a modo de reportaje periodístico, realizado en el seno del clan Bonaparte, cuando aún no existía el periodismo amarillista, ni la fotografía, ni los reporteros gráficos llamados actualmente “paparazzi”. Por ello, el relato de la coronación en Notre Dame y sus imprevistos sería objeto de un reportaje adecuado a la mejor revista del corazón.

Roca-Ferrer, filólogo clásico, traductor de Horacio y notario, manifiesta claramente que la “ingratitud”de la autora hacia su benefactor se puede deber a un “olvido consciente” del hecho de que su marido y ella fueron personajes importantes y viveron muy felices gracias a Napoleón durante más de tres lustros

Cuando Napoleón fue derrotado en la batalla de Waterloo, Madame Rémusat y su marido se adaptaron perfectamente a la restauración borbónica y, aunque su marido perdió su puesto en el funcionariado imperial, recibió el privilegio de ser nombrado, por Luis XVIII, al entonces conde de Rémusat, en 1815, prefecto del Haute-Garonne y, más tarde, en Lille, prefecto del Norte, hasta 1822, un año antes de su muerte.

La obra de Madame de Rémusat no fue conocida hasta después de su muerte, cuando su nieto, Paul de Rémusart, publicó su “Memoires”, seguidas por parte de su correspondencia con su hijo Charles de Rémusat.

Madame de Rémusat, Claire, cuando era soltera, había perdido a su padre y a su abuelo en la revolución de 1789, por haber estado implicados en la conspiración de Saint Lazare, dirigida por el general Beauharnais, quien fue el primer marido de Josefina Bonaparte, por lo que fueron guillotinados. La muerte y la confiscación de los bienes de la familia dejaron a la familia, compuesta por la madre y las hijas, Claire y su hermana Alix, en la ruina, hasta que casó con Agustin Laurent de Rémusat que, por entonces era viudo.

Sin embargo, las memorias de Madame de Rémusat no serían conocidas, ni se hubieran publicado, según el prologuista de esta obra, si la figura de Talleyrand, personaje fundamental en en esa época de la historia de Francia. no hubiera tenido tanta importancia en la vida del matrimonio Rémusat. Talleyrand era un personaje de expresión fría y distante, silencioso y hermético, quien impresionó a Claire a pesar de la diferencia de edad, pues ella era 26 años más joven, y de la cojera del personaje,

Ambos se conocieron al coincidir en un viaje a Bruselas en 1803, durante el Consulado. Dos años más tarde Talleyrand coincidió con el marido en Austerlitz y después en Viena. Sin saber el motivo, comenzó s hablarle mal de Bonaparte, de los defectos de carácter que tenía, aunque tenía confianza en que poseía cualidades para acabar la Revolución de Francia y crear un gobierno estable y confiaba en que podría dirigirle en lo relativo a Europa. Todas estas confesiones por parte de Talleyrand consiguieron anular la admiración del Claire hacia Bonaparte.

De todo ello, se deriva que Madame de Rémusat deja de llamar “el emperador”, para denominarle “Bonaparte” y su falta de admiración hacia el personaje, se advierte en su descripción física poco amable, aunque sea certera, ya que lo calificaba como: «Bajo y desproporcionado, de cabellos ralos, mentón corto y mandíbula cuadrada», propenso a unos ataques de cólera «violenta y positiva», y añade: «falto de educación y de formas».

“Las guerras privadas del clan Bonaparte” es una interesante y anotada selección de los mejores pasajes de las memorias de Madame de Rémusat, e inéditas en castellano hasta el día de hoy.

Obra interesante para todo amante de la Historia, escrita por una testigo de excepción de todas las vivencias que relata, tanto como testigo directo de los hechos, o que llegó a saber, en su condición de confidente principal de los personajes centrales como fueron Napoleón Bonaparte y su esposa, Josefina Bonaparte, que la eligieron como su confidente y amiga predilecta y, por ell,o entró en el círculo íntimo y familiar de la egregia pareja y pudo ser testigo de todas las intrigas palaciegas que el propio título de la obra define como “Las guerras privadas del clan Bonaparte” .


domingo, 2 de febrero de 2020

LA CIVILIZACIÓN EN LA MIRADA, MARY BEARD

La cibilización en la mirada (portada)


La civilización en la mirada
Mary Beard
Crítica, 2019, 256 pp.

Una reflexión de la historiadora Mary Beard sobre el concepto de civilización a la que define como “el conjunto de imágenes compartidas colectivamente”

Ana Alejandre

Los libros de esta especialista en historia, Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales en 2016, no dejan nunca indiferente, ya que aúna siempre el rigor, la exhaustiva documentación y el análisis certero, pero desde la más absoluta amenidad y lenguaje claro y dirigido a todo tipo de lectores, sin usar el lenguaje críptico de los especialistas en dicha materia. Esta nueva obra de quien ha hecho de la investigación y divulgación histórica no solo una profesión, sino una pasión, nos demuestra que Mary Beard enseña, explica y razona sobre los enigmas de la historia antigua sin renunciar a la diversión de los lectores que siempre consigue.

Mary Beard, es miembro de la Academia Británica y catedrática de Clásicas de Cambridge, y una de las mayores especialistas en la Antigüedad grecorromana. Otras obras publicadas son El triunfo romano (2008); Pompeya (2009), La herencia viva de los clásicos (2013) o SPQR. Una historia de la antigua Roma (2016), todas ellas han tenido una excelente acogida de crítica y público.

En “La civilización en la mirada”, obra ensayística que es un compendio del contenido de la serie documental que la propia autora dirige en la cadena televisiva británica BBC, intenta analizar la cuestión del concepto de civilización, y Beard sostiene la afirmación que da título a la obra, pues afirma que: “Toda civilización se configura en torno a unas imágenes compartidas colectivamente”.

En esta nueva obra, su autora, intenta de nuevo analizar, razonar y explicar, lejos del dogmático mundo académico y su oscuro lenguaje solo apropiado para los iniciados, invitando al lector a que reflexione sobre las cuestiones expuestas y que él mismo saque sus propias conclusiones y elija aquellas hipótesis, posibles explicaciones y respuestas a las muchas preguntas suscitadas que se plantean en esta interesantísima obra

Esto conlleva dos vías de estudio y análisis por parte de la historiadora. Por una parte, analiza las diferentes visiones de la figura humana a través del tiempo y de las diferentes culturas; y, en segundo lugar, profundiza en la cuestión de cómo han representado el concepto de lo divino las diversas religiones y los problemas que ello representa.

En referencia a la representación del cuerpo humano, que fueron las primeras creaciones artísticas de la Humanidad y en la que se intentaban los seres humanos plasmar a sí mismos, este interés por la imagen humana y su representación era el inicio del culto al cuerpo, desde que los humanos fueron conscientes de su propia apariencia, tan diferente a los otros seres vivos que los rodeaban.

Pero lo importante para la autora en este estudio, es el propio observador y el contexto en el que se encuentra. Por ello, es consciente del gran papel que la Grecia clásica tuvo para formar y definir la manera occidental de mirar, lo que puede llevar a distorsionar la forma de ver y entender a otras civilizaciones ajenas al mundo clásico griego. Esto significa que aceptaremos ciertos principios estéticos de unas culturas y de otras no. Nuestra influencia del mundo clásico nos hará aceptar o rechazar según que imágenes, conceptos de belleza y cánones artísticos que se adapten mejor a nuestra propio gusto y cultura estética y rechazaremos otros.

Los griegos intentaron plasmar la imagen ideal masculina en multitud de estatuas repartidas por todas las vías públicas. El cuerpo masculino siempre se representaba como el de un joven, hermoso y atlético. Esa perfección física parecía garantizar la virtud moral. Así lo físico tenía la supremacía sobre lo moral, porque nada que no fuera hermoso, armónico, podría ser bueno. Así se cosificaba a la persona, definiéndola en la virtud por su aspecto físico. Los que eran viejos, gordos, feos, tullidos o poco agraciados eran ridiculizados por su aspecto, porque la imagen era más importante que las virtudes morales o intelectuales por sí solas de la persona en cuestión.

También, los griegos usaron el cuerpo humano no solo con fines estéticos, sino también aleccionadores, en cuanto al comportamiento ideal de los ciudadanos. Por ello, no sólo las estatuas representaban el concepto ideal de la imagen física, sino que en la cerámica griega se encuentran imágenes de mujeres junto a sus hijos y una cesta, como imagen ideal de la función de la mujer y de la imagen de la buena esposa; o de hombres que, después de beber alcohol, tienen conductas ridículas y poco adecuadas, como advirtiendo de los peligros del abuso de las bebidas alcohólicas.

Beard también estudia otras culturas desde un punto de vista que excede al puramente artístico. Toma como ejemplo a los guerreros de terracota, pero no en cuanto a su imagen estético, sino como meros símbolos del poder imperial, y, también, a las cabezas gigantes olmecas que analiza en su significado simbólico.

El tema de la iconoclasia es, también, tratado por esta singular historiadora. Advierte que cuando la religión y el arte se cruzan, siempre surgen problemas y paradojas difíciles de resolver. Para ello hace hincapié de que una obra que ha sido atacada por cualquier causa puede llegar a tener una mayor relevancia o notoriedad que en su anterior etapa. Afirma por ello, que la barbarie de una persona es la civilización de otra, a modo de defensa. La destrucción de imágenes religiosas es el lado opuesto, según afirma la autora, de lo que llamamos idolatría. Apunta los peligros que conllevan la vanidad y el deseo de ostentación que son siempre el principio de la idolatría, o veneración de imágenes e ídolos, problema que afecta al mundo entero y resalta, especialmente, la España católica.

En cuanto a la representación de Dios, todas las religiones han confrontado su forma de plasmar la imagen divina, con mayor o menor virulencia. Ello las ha llevado a buscar distintas maneras de plasmarla, desde las formas más exquisitas y sutiles, hasta las misteriosas o crípticas, pasando por las más ineptas.

Este libro es una obra de reflexión y ensayo que es muy recomendable a quienes les guste la historia y quiera ahondar más en nuestra propia cultura y, comprender a otras distintas que tienen diferentes valores estéticos y conceptos artísticos, pero de las que podemos aprender mucho si comprendemos que, como dice la autora: “Toda civilización se configura en torno a unas imágenes compartidas colectivamente”.

Si aprendemos a mirar de forma más comprensiva a lo ajeno y menos exclusivista, sin rechazar a lo que está fuera de nuestros conceptos artísticos y culturales, quizás comenzaremos a entender y valorar la gran diversidad, riqueza y sabiduría que existen en otras culturas ajenas a la nuestra, que conforman lo que llamamos mundo.

domingo, 26 de mayo de 2019

LA PALABRA ARRESTADA, VITALI SHENTALINSKI






La palabra arrestada
Vitali Shentalinski
Traducción: Ricard Altés,
Jorge Ferrer y Marta Rebón
Galaxia Gutenmberg
Barcelona, 2018, 555 pp.


La palabra arrestada, obra de investigación histórico-literaria rigurosa exhaustiva, y profusamente documentada en los archivos literarios del KGB, que analiza el terror y la persecución de los escritores, artistas, científicos y profesores universitarios por parte del régimen soviético en la época de Stalin

AnaAlejandre

Vitali Shentalinski, periodista y editor de radio y televisión, autor de la trilogía basada en una rigurosa investigación que forman los títulos Esclavos de la libertad (2005), Denuncia contra Sócrates (2006) y Crimen sin castigo (2007), cuya investigación amplia en esta nueva e impresionante obra que ofrece la verdad de la persecución, de los intelectuales rusos represaliados en la Unión Soviética durante el gobierno de Stalin, y en la que reproduce, de forma exhaustiva y fehaciente, basada en la documentación oficial guardada en los archivos secretos de la Lubianka los procesos a los que fueron sometidos los escritores rusos de la talla de Isaak Bábel, Ósip Mandelsltam, Mijail Bulgákov, Marina Tsvietáieva, Andrei Platónov, Anna Ajmátova, Maksim Gorki y Boris Pasternak, ocho de los más importantes nombres de los muchos miles de intelectuales que fueron víctimas de una represión criminal de sus vidas y obras por procesos sumarios, injustos y arbitrarios, sin más fundamento que la propia paranoia estalinista contra todo lo que le sugería una actitud o talante antisoviético, o un peligro para su gobierno dictatorial, basado en el terror y la dura y férrea línea de gobierno de la que nadie se sentía a salvo.

Shentalinski tuvo la iniciativa en 1988, en pleno estallido de la perestroika, de presionar a la Organización de Escritores, a los más altos mandatarios del Partido y a la opinión pública para poder hacer públicos los terribles datos de la represión llevada a cabo contra infinidad de intelectuales rusos, cuya verdad estaba por descubrir y permanecía a cubierto en los archivos de la infame Lubianka. Fue el primero que consiguió abrir dichos archivos de la KGB y de la Oficina de la Fiscalía de la URSS, que durante años permanecieron abiertos a la consulta pública, aunque hoy vuelven a estar cerrados por decisión gubernamental. Con ello consiguió echar luz sobre el cruel destino de tantos miles de rusos que vieron su destino trágicamente destruido por procesos atroces en los que los instructores inventaban los hechos que les convenía a sus torticeros fines, para así declarar culpables a seres inocentes de supuestas confabulaciones antisoviéticas que sólo estaban en el ánimo de quienes formaban parte de la maquinaria estatal más sanguinaria de la historia.

Todas estas purgas políticas aún no han sido consideradas oficialmente por la opinión occidental como crímenes contra la Humanidad, por la presión de los movimientos de izquierda internacionales, como si la historia interminable de terribles crímenes cometidos por la URSS, cuna de la ideología de extrema izquierda, les confiriera a dichos actos execrables un salvoconducto de legitimidad que se les niega a otras ideologías políticas que han hecho mucho menos daño, pero ante las que se mantiene una opinión negativa y duramente crítica por la que se les niega cualquier posible exculpación

En la historia nunca ha existido un régimen político que ha masacrado de forma tan feroz, indiscriminada y sin tregua a los intelectuales y a los artistas del propio país, como fue el totalitarismo soviético que dejó miles de víctimas entre sus filas, tanto de escritores, artistas, científicos, investigadores en diferentes campos y profesores universitarios. Es decir, los representantes más genuinos de la inteligencia; que fueron silenciados o asesinados: A todos ellos se sumaron millones de personas anónimas que fueron castigadas de forma inhumana, enviándolas a los famosos campos de trabajo soviéticos, sin haber cometido ningún crimen contra el Estado; pues todo era, simplemente, una infame estrategia para conseguir esclavos sin ningún derecho ni dignidad que trabajaran hasta la extenuación y de forma gratuita para el Estado soviético.

Esta obra tiene un valor testimonial inconmensurable, porque sus datos están recogidos en los archivos oficiales y no se basan en simples opiniones de autor, sino en hechos incontestables, documentalmente probados, que muestran y permiten comprender en toda su magnitud el terror impuesto por un Estado totalitario, cuyos actos aún merecen un juicio basado en el conocimiento del horror que encierran y que muestran el verdadero cariz del Estado soviético que sometió a millones de sus ciudadanos a la más ignominiosa y terrible caza del ser humano y que todavía necesita ser revisada, enjuiciada y declarada públicamente como un crimen contra la Humanidad, al igual que el cometido por el régimen nazi, al que supera con creces en el número de víctimas.

Obra esta, pues, que es de aconsejable lectura para quienes deseen conocer mejor y en mayor profundidad el alcance del terror impuesto por el Estado soviético que intentan ignorar, obviar,o disminuir en su gravedad, quienes creen que el comunismo y sus aledaños ideológicos están exentos de toda culpa histórica, a pesar de los millones de muertos inocentes que fueron víctimas del terror impuesto por esta ideología que intenta hacer creer que ofrece libertad, dignidad y progreso a los pueblos a los que quiere someter al totalitarismo más feroz y a la negación de todo derecho y dignidad a los ciudadanos.



jueves, 30 de agosto de 2018

EN DEFENSA DE ESPAÑA. DESMONTANDO MITOS Y LEYENDAS NEGRAS, STANLEY G. PAYNE




En defensa de España. Desmontando mitos y leyendas negra
Stanley G. Payne
Premio Espasa 2017
Espasa, 2018, 312 pp.

Una obra fundamental de uno de los más insignes hispanistas del mundo, que descubre las mentiras que ennegrecen la verdadera y fascinante historia de España. Una historia sin igual en todo Occidente.


Obra imprescindible y esclarecedora de la verdadera historia de España, una vez despojada de todas las mentiras, fabulaciones y leyendas negras que se han ido tejiendo a lo largo de los siglos para empañar su imagen y ocultar la verdadera historia de nuestro país, que es la más singular y exótica del mundo occidental y la más amplia y rica, tanto en su extensión cronológica como geográfica, y poseedora de unas características y diferencias sustanciales con cualquiera otra historia del ámbito europeo en las diferentes épocas.

El autor de esta obra, hispanista e historiador norteamericano, es doctor en Historia por la Universidad de Columbia y profesor emérito de Historia en la Universidad de Wisconsin-Madison, donde ostenta la cátedra Hilldale-Jaume Vicens Vives. Miembro de la Academia Americana de las Artes y las Ciencias, ha sido codirector del Journal of Contemporary History. Desde 1987 es académico de la Real Academia Española de la Historia. Publica asiduamente en ABC y El Mundo. Es autor de una veintena de libros sobre la historia de España y de Europa contemporánea.

Payne afirma, en una reciente entrevista, que "España es el único país occidental, y probablemente del mundo, en el que una parte considerable de sus escritores, políticos y activistas niegan la existencia misma del país, declarando que la nación española sencillamente no existe". Lo que viene a decir que los mayores enemigos de la verdadera historia de España los tenemos en nuestro país y no vienen de fuera. Por ser muy cercanos, son especialmente peligrosos como han demostrado los recientes acontecimientos en Cataluña, en el afán secesionista de los que afirman que Cataluña no forma parte de España, negando implícitamente su propia existencia como tal país.

Esta obra está escrita y organizada en un desarrollo cronológico que explica la evolución del país y hace un pormenorizado análisis de los mitos, leyendas tópicos y estereotipos que se han ido acumulando a lo largo de los siglos en su definición, explicación y comprensión de España como tal nación, dando resultado a una imagen totalmente distorsionada de nuestra historia.

Obra amena en su exposición, escrita en un lenguaje claro y sencillo que la hace apta para todo tipo de lectores, ya que es una obra divulgativa, sin perder el rigor expositivo, la exhaustiva bibliografía y los vastos conocimientos de este prestigioso hispanista que ofrece una visión sensata, objetiva, documentada y basada en hechos probados que demuestra las grande mentiras, mitos y leyendas negras que han pesado, y aún lo hacen en la actualidad, sobre la imagen de España, fomentada desde dentro de nuestro país y propagada por otros países enemigos históricos de todo lo español.

Es indudable que la historia de España se ha ido deformando, a lo largo de los siglos, según conceptos controvertidos y falsos que servían a formar la llamada “leyenda negra” española. Se le denominaba Reino bárbaro decadente, paraíso multicultural, conquista oriental, Reconquista, guerra divina, Inquisición, monarquía paneuropea, primer imperio mundial, decadencia profunda, leyenda negra, país insurreccional que reclama su independencia, cultura romántica por excelencia, sociedad convulsa y/o revolucionaria, cultura romántica por excelencia, democracia militante antifascista, país fascista retrógrado, pionera democracia de consenso y así infinidad de términos contradictorios, tópicos genuinamente falsos, pero muchos de ellos se refieren a procesos históricos o logros muy complejos que necesitan profundas matizaciones para su más exacta comprensión.

Naturalmente, esta obra es una versión de la Historia de España, la que siempre es motivo de debate y controversia. Habrá muchos que negarán las evidencias aportadas por su autor, experto en historia española, especialmente los que por su ideología “progresista”, niegan las evidencias históricas a su conveniencia para hacer de nuestra historia un medio para seguir propalando falacias, mentiras y tópicos que favorecen a sus intereses partidistas. No es de extrañar, por ello, lo que afirma Payne en la entrevista antes mencionada.

No hay que olvidar que los más peligrosos enemigos de un país, de su historia y de su pueblo, son siempre quienes, desde dentro como el caballo de Troya, intenta aniquilar la verdad histórica, las raíces culturales de un pueblo y todo aquello que puede unirlo, negando la noción de patria, de pertenencia a un mismo país y de lealtad hacia lo que ello representa. Así intentan matar el sentido patriótico y de unión entre los españoles, haciendo verdad el dicho que afirma “divide y vencerás”. Saben muy bien, y actúan en consecuencia, que a un pueblo como a un árbol cuando se le mata las raíces, muere.

Este libro es de muy recomendable lectura para todos aquellos que desconocen la verdad histórica, esa que trata de ocultar, distorsionar y manipular quienes defienden la mal llamada Memoria Histórica, con la que tratan de hacer lo contrario de lo que dicho nombre indica, pues su verdadero fin es destruir la verdad histórica española y sustituirla por otra falacia más al servicio de intereses partidistas contrarios a España y a su verdadera Historia. La verdad que libros como éste tratan de reivindicar defender y mostrar en su realidad incuestionable.

lunes, 12 de febrero de 2018

IMPEROFOBIA Y LEYENDA NEGRA, MARÍA ELVIRA ROCA BAREA



Imperiofobia y leyenda negra
Prólogo de Arcadi Espada
María Elvira Roca Barea
Siruela
Madrid, 2017, 460 págs.



Ana Akejandre


"Imperiofobria y leyenda negra", una obra imprescindible que hace un exhaustivo análisis del término "imperofobia" y dilucida la idea de leyenda negra y sus orígenes e inventores.

Ana Alejandre



En la época actual la fobia contra todo lo que suene a “imperio” se relaciona siempre con el conservadurismo político y la derecha ideológica, en una unión absurda que desvirtúa lo que el concepto “imperio” supuso en la historia de todos los países que se vieron implicados por pertenecer a uno de los existentes en cada momento histórico o ser cabeza del mismo.

La autora de esta obra, María Elvira Roca Barea –colaboradora del Consejo superior de Investigaciones Científicas y profesora en Harvard-, intenta realizar un análisis exhaustivo y riguroso de lo que significa realmente el término “imperio”, además de dilucidar la idea de leyenda negra –de la que trató extensa y profundamente, en su momento, Salvador de Madariaga-, y del término recientemente acuñado de imperiofobia que ha sido creado, difundido y sostenido especialmente por los representantes de las diversas izquierdas como arma arrojadiza contra la derecha. 

Especialmente, la oportunidad de esta obra de gran éxito -ya va por su quinta edición-, es la constatación, por parte de la autora, del bajo nivel de autoestima que tenemos los españoles en la actualidad, aunque viene desde hace siglos, hacia todo lo que se pueda titular como “español”, fenómeno que no es habitual en otros países europeos en los que sus ciudadanos se sienten orgullosos de su país, de su bandera, de su tradición e historia.

Esta obra, pues, es una vía rigurosa para conocer qué son realmente los imperios y qué tienen de nexo común; además, de saber cuáles son las leyendas negras que nacen indefectiblemente de cada uno de ellos como algo consustancial al propio concepto de imperio, y de las que sus creadores son siempre representantes de determinados poderes locales o de grupos de opinión en el propio seno de países sometidos a dicho imperio, siempre dominados por las oligarquías que, a su vez sustentan los grupos mediáticos creadores de opinión y a los intelectuales que están a su servicio. La leyenda negra no es algo que surja espontáneamente, sino un concepto, un ideario que está formado y difundido de forma premeditada y al servicio de ciertos intereses que lo promueven.

Aunque la escritora le da preponderancia a la historia del imperio español, también analiza, en sus distintos apartados, los casos de Roma, Estados Unidos y Rusia, cuyos casos le sirven de contraste y perspectiva para analizar el caso del Imperio español.

La definición que hace el Diccionario de la RAE de la leyenda negra es que aquella es la «opinión contra lo español difundida a partir del siglo XVI» y, también, la «opinión desfavorable y generalizada sobre alguien o algo». Roca Barea analiza dicho concepto como algo que aún subsiste y no como cosa ya superada, como afirman otros estudiosos en diferentes obras. Si la leyenda negra desapareciera, sería necesario volver a reescribir la historia de Europa de nuevo, afirma la autora. Además, analiza su gran expansión de la llamada leyenda negra que se difundió a través de las corrientes culturales más importantes en Europa, como fueron el Humanismo y la Ilustración, pasando desde el nacionalismo germánico al italiano.

La primera prueba de hispanofobia en Italia surgió durante el desarrollo del humanismo, a partir del siglo XVI, lo que le concedió a la leyenda negra un cariz intelectual que conserva todavía y de la que la autora de esta obra investiga las razones de su perdurabilidad, llegando a la conclusión de que está siendo utilizada de forma deliberada en la crisis de la deuda, por lo que parece que este recurso antiespañol le es bastante favorable a muchos países, algunos muy,cercanos, en los tiempos de crisis económica. La leyenda negra también tiene connotaciones antisemitas ya que. en la época en la que se fraguó. a los españoles los acusaban de tener sangre de “marranos”, es decir mezcla de judíos y españoles.

Después, la l,eyenda negra fue la piedra angular del nacionalismo luterano y de otras tendencias culturales y religiosas que se propagaron por los Países Bajos e Inglaterra. También, en el nacionalismo alemán se encuentra un antisemitismo muy beligerante y un rechazo total hacia todo lo latino que ya existía en el siglo XV. Pero fue en el siglo XVI, cuando Carlos V y Felipe II, que usaron el oro y la infantería española para hacerse con el cetro, hicieron que los príncipes alemanes recelaran del poder real que podía ser un obstáculo a su independencia, lo que aumentó el sentimiento antiespañol, utilizando a la religión como excusa, dada la propagación del luteranismo.

El imperio español se vio impotente para frenar los nacionalismos emergentes del siglo XVI que coadyuvaron al nacimiento del protestantismo y la propaganda antiespañola. Felipe II no supo reaccionar adecuadamente contra una rebelión en los Países Bajos, animada por la nobleza local y disfrazada de guerra religiosa, cuando los intereses que la habían armado eran políticos. El monarca español se confundió al pensar que la verdad terminaría venciendo y no supo crear una contrapropaganda eficaz que la contrarrestara.

La autora analiza muchos de los principios en los que se basaba la leyenda negra española, en cuanto se refiere a la conquista de América. Aduce que el supuesto genocidio de indígenas no fue tal, ya que se desconocen las verdaderas cifras de indígenas que existían cuando llegaron los españoles y a estos les hacían falta los indígenas para construir el Imperio en esas latitudes. Lo que demuestra el hecho de que los españoles se mezclaron con los indígenas a los que nunca rechazaron, creando así un extenso mestizaje.

En definitiva, una obra interesante, rigurosa y exhaustiva en la que se puede encontrar la afirmación de que las leyendas negras acompañan a todo imperio, fenómeno que se repite en la actualidad en el caso de los Estados Unidos y su propia leyenda negra, por la acusación que reciben de su política expansionista, aunque sea meramente económica y no territorial.

Obra muy interesante y recomendable para los amantes de la historia, especialmente de la española, que ayuda a comprender muchos de los enigmas de nuestro pasado y el origen de la leyenda negra que aún parece acompañarnos, a pesar de que el Imperio español ya no existe, pero que ha quedado como un residuo permanente en el imaginario de los españoles y de otros países que lo utilizan cuando conviene a sus intereses y a sus propias políticas.

domingo, 10 de septiembre de 2017

CRÓNICA DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL, RUDYARD KIPLING


Portada de “Crónicas de la Primera Guerra Mundial”, de Rudyard Kipling



“Crónicas de la Primera Guerra Mundial”, de Rudyard Kipling, colección de artículos de prensa sobre el conflicto bélico que asoló Europa.

Artículos escritos para levantar el ánimo de la tropa y animar al pueblo francés por la segura victoria de los aliados.


Todos los lectores conocen a Rudyard Kipling lo hayan leìdo o no, pero su nombre les habla de un gran escritor inglés aunque nacido en Bombay (la India) país en el que pasó los primeros años de su vida y le marcó profundamente.

Escritor especialmente controvertido que gozaba de pocas simpatías por sus ideas imperialistas y militaristas, autor entre otras de la famosa obra “El libro de la selva” que fue llevada al cine animado con gran éxito. Kipling, además, es considerado el creador de ideas estereotipadas de países como la India o Japón, aunque todas estas características no le impedían ser reconocido como un extraordinario cuentista y un excelente poeta, a pesar de las críticas recibidas porque escribía versos de excesiva claridad.

En esta obra Crónicas de la I Guerra Mundial, corta en extensión porque sólo tiene 121 páginas, constituida por la compilación de los artículos periodísticos de cariz propagandístico para levantar la moral a la tropa y contra el ejército alemán, al que calificaba de "deshumanizado", que escribió Kipling durante el conflicto bélico llamado la Gran Guerra, no deja de hacer continuas alabanzas al pueblo francés, a su cultura y lengua, en un denodado esfuerzo por fomentar la sensación en los lectores de una futura victoria de los aliados.

Esta obra es un conjunto de crónicas excelentes que sirven de eficaz testimonio de esa difícil época que pasó Europa en la que los intelectuales tuvieron que sufrir una excesiva presión para evitar sus críticas al conflicto bélicos, sus causas y la forma de ser llevado a cabo por los gobernantes de los países aliados que intervinieron en el conflicto.

Kipling no quiso mantener un silencio cauto y manifestó sus ideas no siempre comprendidas, a pesar de que su hijo Jack murió en el frente, lo que no le hizo perder el fervor en defensa de sus ideas, aunque, paulatinamente, fue cayendo en una profunda desilusión.

Esta obra es, pues, una colección de crónicas escritas de primera mano por un testigo de excepción que vivió en aquella convulsa época en la que Europa se vio envuelta en un espantoso conflicto bélico que no arregló los problemas políticos existentes y que, dos décadas después, se vio continuado con la II Guerra Mundial como colofón siniestro a la locura humana.

Por ser artículos periodísticos que obligan a la brevedad y la concisión, esta obra ofrece una lectura amena, clara y directa de la controvertida visión personal de su autor de la I Guerra Mundial, uno de los mejores escritores de cuentos en lengua inglesa que ofrece en todos sus escritos una prosa, clara, sencilla y directa.

Su lectura es recomendable pues no es una obra escrita a posteriori y usando los archivos históricos de la I Guerra Mundial, sino que tiene el interés intrínseco de estar escrita por quien la vivió directamente y realiza un continuo intento para elevar no sólo la moral de los soldado, sino también para animar a la población civil europea de la natural depresión por ser los destinatarios directos del sufrimiento, terror y muerte que conlleva un conflicto armado de la magnitud de la Gran Guerra.

Se podrá estar de acuerdo o no con los planteamientos que hace Kipling, pero sus comentarios al respecto de los sucesos bélicos no pueden dejar indiferentes a nadie, porque en ellos se muestra el esfuerzo de un hombre, de un gran escritor, por encontrarle sentido al sinsentido de toda contienda, de toda carnicería que es toda guerra,  en  la que nunca puede haber vencedores ni vencidos, sólo países derrotados por el sufrimiento, el horror y la muerte en una escalada mortal de locura colectiva.
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Crónicas de la Primera Guerra Mundial, Rudyard Kipling, Traducción de Amelia Pérez de Villar.` Fórcola. Madrid, 2016.

domingo, 5 de marzo de 2017

LOS ROMANOV, SIMON SEBAG MONTEFIORE



Los Romanov
1613-1918
Simon Sivag Montefiore
Crítica, 2016



Simon Sivag Montefiore, el autor de este libro, ha tomado la difícil tarea de narrar la historia de los zares de Rusia desde 1613 hasta 1918, año en el que puso fin al zarismo cuando el Zar Nicolás II y toda su familia fueron asesinados por los bolcheviques, en Ekaterimburgo, el 17 de julio de 1918.

Simon Sibag Montefiore es un gran conocedor de la historia, pues la estudió en el Gonville& Caius College de Cambridge. Posteriormente, durante la década de 1990, recorrió toda la antigua Unión Soviética, especialmente el Cáucaso, Ucrania, Asia Central y escribíó sobre Rusia para varias publicaciones como son el New York Times, el Sunday Times y El Espectator, entre otras publicaciones. Por lo tanto, no es un neófito en esta materia.

En esta obra nos presenta a los Romanov como zares que gobernaron Rusia durante trescientos años con mano férrea y acierto, en muchas ocasiones, consiguiendo que su país pasara de ser un reino pobre y arruinado por la guerra civil y, por lo tanto, débil, a convertirse en un imperio que extendió su dominio e influencia por toda Europa.

Aparecen subrayadas las figuras de los dos más grandes Zares que ha tenido Rusia: Pedro el Grande, cuyo nombre provenía de su gran estatura, que con su férreo y tiránico gobierno, en el que mató a todos sus adversarios sin dudarlo, por una parte, y Catalina la Grande -coincidencia en el sobrenombre que les ha otorgado la historia-, la princesa alemana que no dudó en derrocar a su propio marido para convertirse en la Zarina más brillante de la historia de Rusia, por la otra. Ambos coinciden en grandeza, pero también en vicios como la dipsomanía de Pedro el Grande y la promiscuidad sexual, no exenta de atractivo irresistible, en el caso de Catalina, la que siguió aumentando el poder y la influencia de Rusia ante toda Europa en una ascensión imparable.

Pero todo no fue grandeza en la historia de los zares, porque las figuras de dos zares, Pedro III y, su hijo, Pablo I, marido e hijo, respectivamente, de Catalina II (La Grande) que mostraron su incapacidad para gobernar, su irresponsabilidad y, lo que es peor, su desequilibro mental, son el negativo de la grandeza de sus antecesores en el gobierno. Ambos zares murieron asesinados y hay sospechas de que en la muerte de Pedro III tuvo gran influencia la propia zarina, su sucesora que le valió el desprecio de su hijo.

Aparecen otras figuras que fueron menos idóneas para el gobierno de Rusia como Nicolás I, hijo de Pablo I y nieto de Catalina La Grande, y el propio Nicolás II, que fueron más débiles que los dos antecesores y grandes gobernantes por lo que no supieron evitar la I Guerra Mundial y la posterior revolución bolchevique. Nicolás II, con su asesinato y el de toda su familia, cierra la lista de los zares de Rusia.

El autor de esta obra muestra que el imperio ruso siempre ha sido dominado y gobernado tanto por los zares y, después del zarismo, por los gobernantes posteriores a los que acompañaban sus respectivas camarillas desde el primer Zar en 1613 hasta llegar a los siguientes autócratas como Lenin y Stalin y el actual presidente Putin con su férreo mandato
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En esta obra no sólo aparecen datos históricos, fechas y lugares, sino también el retrato psicológico de los personajes que fueron protagonistas de la historia rusa y demuestra que esta se repite en cuanto al dominio férreo del poder, al autoritarismo sin fisura tanto con los zares como durante el régimen soviético y su posterior caída, y en la actual apertura hacia Occidente de sus régimen político, pues el poder omnímodo de quienes ostentan el poder y sus camarillas sigue siendo el protagonista de un país que ha cambiado mucho en su apariencia, pero sigue siendo fiel a su tradiciones entre las que se cuentan los gobiernos autocráticos y férreos.


Interesante obra, aunque sólo se podría decir en su contra que le faltan muchas páginas por el tema tan extenso, complejo e interesante que trata y que requeriría mucho más espacio para abarcar todo lo que se refiere a la historia de los Romanov y su apasionantes vidas llenas de luces y sombras, y también a la siempre rica, fascinante y hermosa tierra rusa y su apasionante historia.

viernes, 9 de septiembre de 2016

S.P.Q.R. UNA HISTORIA DE LA ANTIGUA ROMA, MARY BEARD

Introducción

Ana Alejandre
Reconstrucción virtual de la Roma clásica

Después de mucho tiempo de ausencia, aunque no de otros blogs de mi autoría, porque el tiempo es escaso y las actividades son muchas, vuelvo a Historalia pidiendo disculpas a los lectores fieles a este blogs por  tan largo retraso en actualizarlo que ha sido involuntaria, aunque este regreso introduce una novedad en su contenido.

A partir de esta actualización, Historalia ofrecerá información de aquellos libros de investigación histórica -no de ficción o novela histórica-, sino de obras rigurosas escritas y  dedicadas al gran público -no al área académica especializada-, que sean producto de los conocimientos, el estudio y los nuevos datos que aportan los diversos especialistas en cada área de investigación histórica: época, país, cultura, etc., que ilustrarán con sus nuevos hallazgos todas las múltiples incógnitas que la siempre fascinante Historia ofrece incansablemente para descifrar sus muchos e interesantes enigmas.

Por ello, nadie mejor que los propios especialistas en cada rama histórica pueden ser quienes expliquen, con el rigor y la amenidad que requiere una obra dirigida al gran público, los apasionantes enigmas que la Historia ofrece. Estas obras de investigación y divulgación histórica  aparecerán reseñadas en este blog con su  comentario correspondiente, reseña de mi autoría que ha aparecido publicada en otros medios de comunicación, ya que los libros siempre han sido y son mi mejor fuente de conocimiento y a leerlos, estudiarlos y escribirlos me dedico con pasión y vocación día a día renovada.

En esta primera entrega de la nueva etapa, la obra elegida por su gran rigor, amenidad y profundidad en el estudio del tema tratado, pero siempre dirigido a los aficionados a la Historia no especialistas, es S.P.Q.R. Una historia de la Roma antigua, escrita por Mary Beard, Catedrática de Clásicas en el Newnham College, Cambridge. Editora del Times Literary Supplement y miembro de la Academia Británica y de la Academia Americana de Artes y Ciencias. Considerada una de las más importantes especialistas a nivel mundial de la historia relativa a la Antigua Roma. En esta extensa obra ofrece su  experta visión, acompañada de una extraordinaria documentación y electrizante amenidad, de la causa que convirtió a una pequeña ciudad como era Roma en la cabeza de uno de los imperios más poderosos que ha conocido el mundo.

Para quien guste de la Historia y de esa lejana y apasionante época nadie mejor que esta excepcional especialista, autora de esta extraordinaria obra, le podrá ofrecer todas las respuestas a las muchas preguntas que sugiere un tema tan complejo, interesante y revelador de la cultura romana de la que todos somos deudores.


Que la disfruten.

S.P.Q.R. Una historia de la antigua Roma
Portade de S.P.Q.R.
Traducción: Silvia Furió Castellví
Mary Beard
Crítica, Barcelona, 2016, 646 pp.


 Esta obra es la demostración evidente de que la divulgación histórica puede ser hecha con rigor, amenidad y hasta con gracia. Estamos hablando de todas aquellas cualidades que posee Mary Beard, Catedrática de Clásicas en el Newnham College, Cambridge. Editora del Times Literary Supplement y miembro de la Academia Británica y de la Academia Americana de Artes y Ciencias. Y por si todo esto fuera poco, acaba de ser galardonada con el Premio Princesa de Asturias de las Ciencias Sociales 2016.

Viendo este currículum se puede pensar que sus obras serán eruditas y sólo aptas para especialistas en la historia clásica. Sin embargo, a todos sus cualificaciones, cargos y títulos académicos, hay que sumar el de que es una escritora, una erudita y una especialista en Historia de las más prestigiosas del mundo; pero, sobre todo, es sumamente divertida. Su capacidad narrativa de escribir  sobre la Historia, le permite hacerlo con todo rigor, profundidad y amenidad constantes que hace que sus libros sean adictivos, como esta magna S.P.Q.R. Una historia de la Roma antigua que hace las delicias de los lectores a lo largo de sus más de 600 páginas que saben a poco y dejan el deseo de seguir leyendo. 

Mary Beard esta mujer que sabe conjugar el rigor con la amenidad, la claridad expositiva con la  apabullante documentación e investigación y la crítica irónica y bien humorada de muchos de los temas que trata, haciendo hincapié siempre en el dato más importante  que puede pasar desapercibido para el lector, pero al que coge de la oreja, dicho de forma humorística, para que se fije en esa aparente casualidad que se da en sucesos que, aparentemente, son inconexos, o en la intencionalidad oculta que subyace en otros de los muchos hechos históricos narrados por la prodigiosa divulgadora que es Mary Beard de una materia de la que está reconocida mundialmente como una de sus más prestigiosos especialistas.

S.P.Q.R. Una historia de la Roma antigua es una obra histórica, dividida en doce apartados, con un prólogo y epílogo, además de ofrecer una  abundante bibliografía y cronología,  incluyendo mapas de la Roma antigua que ayudan a ubicar los hechos históricos, lugares, personajes y hasta las fechas en las que acaecieron y su sincronicidad.

Aparecen toda la obra acompañada de imágenes que ilustran al texto, imágenes de monumentos, estatuas, detalles, edificios y un sinfín de lugares que han tenido un protagonismo en la historia que cuenta en cada uno de sus apartados.

Así nos encontramos desde el capítulo dedicado a Cicerón y a la llamada conjura de Catilina, al igual  que otro capítulo  se dedica a los principios de la fundación de Roma; otro, a los Reyes de Roma;  el siguiente a la expansión, otro más a la Nueva política,  etc. Todo ello, para explicar el motivo por el que una pequeña ciudad de Italia se convirtió en la capital del imperio más poderoso del mundo que pasaría a ser conocido como el Imperio Romano, e hizo de Roma su centro neurálgico y la ciudad más importante del mundo occidental con un millón de habitantes en el siglo I a.C.

 El placer de leerla aumenta página tras página,  por estar escritas con la facilidad, claridad  y conocimiento profundo del tema tratado por esta mujer, optimista y vitalista, que quiere escribir y lo hace, con suma sencillez para toda clase de lectores. Sabe que la Historia nos atañe a todos y nos interesa, no sólo es materia de interés para especialistas, sino para quienes, por europeos y hablando lenguas latinas, hemos heredado de los romanos la lengua, el Derecho, la organización política y muchas de las costumbres de las que ignoramos su procedencia, además de las muchas muestras arqueológicas que pueblan el territorio español, desafiando el paso de los siglos y, en ocasiones, la indiferencia de los hombres.

No es el primer libro de divulgación histórica escrito por Mary Beard, pues ha publicado The Pahernon (2005), El triunfo romano ( Crítica,2008), Pompeya (Crítica, 2009), ganadora del Premio Wolfson, y La herencia  viva de los clásicos (2013), siendo la última obra la que sirve de objeto a este comentario. Todos estos títulos y sus programas en televisión, le han dado una gran popularidad sin perder un ápice de su ganado prestigio. Es su labor de investigación y divulgación histórica la que le ha hecho ser galardonada con el Premio Princesa de Asturias de las Ciencias Sociales 2016. Muy merecido, sin duda alguna.

jueves, 30 de julio de 2015

LOS CASTRATI, ¿MITO O REALIDAD?

Farinelli, el famoso cantante "castrato"
Los castrati, cantantes masculinos  que perdían su masculinidad para conservar una voz más aguda similar a la de una mujer
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Se ha hablado mucho a lo largo de la historia del bel canto de los castrati –en singular “castrato”-, que eran cantantes masculinos que podían cantar con una voz de tonalidad muy aguda, similar a la de una mujer soprano o contralto, lo que producía un verdadero entusiasmo durante el Barroco, período en el que se convirtieron en figuras famosas y equivalentes a los actuales ídolos musicales, a pesar de que el público desconocía la verdadera tragedia que vivían esos hombres para conseguir una voz de mujer a costa de terribles sacrificios.

Las primeras noticias de estas voces proviene del siglo XVI en el coro de la Capilla Sixtina en Roma (1560?); pero también existían castrati en Nápoles y Munich. Durante los siglos XVI y XVII, en Italia y posiblemente en España y algunas zonas de Alemania, los castrati eran los encargados de cantar las partes más agudas de la música religiosa.

Posteriormente, desde principios del siglo XVII hasta finales del XVIII, los castrati tuvieron papeles solistas en la ópera, ya que existía una prohibición de que las mujeres actuasen en el teatro en los Estados Pontificios. Entre 1650 y 1750 estos cantantes tan peculiares fueron auténticos protagonistas de la ópera seria italiana que era la más popular en toda Europa en esa época. En ellas, el papel de héroe se le otorgaba siempre a estos cantantes, algunos de ellos como Farinelli o Nicolini tuvieron una gran fama e influyente popularidad en el marco de algunos estados alemanes, Inglaterra y España. Por ese motivo, Händel, en muchas ocasiones, siempre contaba con un castrati soprano o contralto en sus composiciones musicales.

Estas voces tuvieron un gran protagonismo hasta finales del siglo XVIII. Mozart compuso los papeles de Idamantes de Idomeneo, rey de Creta (1781) y Sextus de La clemenza di Tiro (1791) para castrati. También, ya en pleno siglo XIX, Rossini y Meyerbeer  hicieron lo mismo. El último castrato conocido, Alessandro Moreschi, falleció en 1922.

            Aunque la castración humana nunca estuvo permitida en ningún país occidental esta oscura realidad contrasta con lo que sucede en la actualidad, ya que los contratenores de hoy alcanzan esos mismos registros de voz de forma natural y no cruenta, a base de usar sólo una parte de sus cuerdas vocales, mientras que los “castratis” tenían que sufrir una intervención quirúrgica, entre los 8 y los 12 años de edad,  en la que le extirpaban los testículo –pero no todo el aparato genital-, para evitar que pudieran producir hormonas sexuales masculinas que producen el cambio en la voz durante la adolescencia. Esta operación les permitía tener una impresionante voz en la que se mezclaban tanto la potencia masculina como la posibilidad de hacer unos agudos prodigiosos propios de la voz femenina. Esta simbiosis de ambas características era aclamada por el público enfervorecido porque este tipo de voz tenía un portentoso control de la respiración por el pequeño tamaño de la laringe y la enorme capacidad pulmonar, desproporcionada con aquélla.

Como se decía antes, la castración humana nunca estuvo permitida expresamente, pero sí se toleraba y se justificaba con supuestos accidentes o enfermedades que justificasen dicha operación. Fue, sin embargo, al finalizar el Barroco y la llegada de las mujeres al teatro y a la escena musical cuando las voces de los castrati desaparecieron del mundo musical, aunque siguieron en toda su plenitud en los coros eclesiásticos hasta bien entrado el siglo XIX.  Fue alrededor de 1861 cuando la  Iglesia dejó  de de solicitar castrati de forma paulatina en su coro Sixtino; y, en 1902, el Papa León XIII prohibió definitivamente que cantasen en el coro, último reducto de tales voces  hasta ese momento.  
         
 En la actualidad, sus voces son sustituidas por las de los contratenores que pueden agudizar su voz con una técnica muy depurada, sin tener que recurrir a tan execrables prácticas que padecían los castrati.
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Bibliografía:
  • arbier, Patrick: Histoire des castrats,, Paris: Grasset, 1989. 272 p. 
  • Barbier, Patrick: The world of castrati,, London: Souvenir, 1996. 272 p.


jueves, 30 de octubre de 2014

LA PROSTITUCIÓN EN LA ANTIGUA ROMA

Ana Alejandre

    En la edición anterior se hablaba de la homosexualidad y el matrimonio en el mundo romano, dejando para esta ocasión la prostitución en la Antigua Roma y sus muchas implicaciones en la vida social de los ciudadanos romanos.

La palabra prostitución proviene del término latino prostituere que significa "exhibir para la venta". Las prostitutas y prostitutos cambian sus favores sexuales, que es como decir que venden su cuerpo para que los clientes obtengan placer sexual a cambio del dinero que pagan por ello. En la Grecia clásica la prostitución se denominaba porne, término que derivaba del verbo pernemi que significa "vender".

Como ya se dijo en la entrega anterior, la Antigua Roma tenía una idea distinta de la sexualidad, según fuera la clase, estatus social y el sexo de quien la practicara. Tampoco existía diferencia en el concepto de heterosexualidad y homosexualidad, ya que ambas se consideraban la expresión de la sexualidad inherente en cada ser humano; sin embargo, sí había una diferenciación en cuanto al rol masculino al que se le consideraba que tenía una mayor autoridad por su participación "activa" en la práctica sexual, ya que era un claro símbolo de poder y estatus,

La sociedad romana estaba regida por unas normas éticas determinadas, lo que no era óbice para que fuera muy promiscua y liberal, especialmente para los hombres, ya que aceptaba con total normalidad las relaciones extramatrimoniales para los ciudadanos libres.

Por ese motivo, un ciudadano podía mantener relaciones sexuales tanto con su esposa en la intimidad de su hogar, al igual que con un hombre en los baños públicos (siempre con la salvedad de que fuera el "activo" como se indica anteriormente), como también con una prostituta en un burdel o con un esclavo de ambos sexos. Toda la exigencia moral romana siempre estaba basada en el "control" o ejercicio del poder del varón y ciudadano libre en los temas sexuales y por ello el rechazo al rol "pasivo" en las prácticas homosexuales. Sólo recibía crítica a esa sexualidad libre fuera del matrimonio, cuando era incapaz de separar debidamente su vida matrimonial y sus otras prácticas sexuales que no debían afectar nunca a su vida familiar y social. 

Toda esta libertad sexual, a pesar de sus reglas y condiciones, permitía una gran promiscuidad fuera del matrimonio. Para la mujer, el matrimonio significaba más un determinado estatus social que con la propia sexualidad, a no ser para la procreación, por lo que el casado tenía libertad para tener relaciones sexuales extramatrimoniales. En ese sentido Cicerón, durante la República, afirmó que no había nada que se opusiera a que un hombre tuviera relaciones sexuales con otro hombre (lo que no estaba bien visto en el caso de las mujeres, como se dijo en la edición anterior).

El amor en la Antigua Roma, tal como se entiende en el aspecto emocional, se consideraba que era contrario al pensamiento racional y se le consideraba algo ridículo. Si un matrimonio se besaba en público se consideraba un gesto indecente; aunque no estaba prohibido a las mujeres que pudieran recibir visitas de hombres libremente, aunque respetando ciertas reglas morales y sociales.

Por todo ello, el sexo y la lujuria eran plenamente aceptados y practicados por el ciudadano romano, como expresión genuina de la propia sexualidad tanto del hombre como de la mujer, ya que en la Antigua Roma la búsqueda del placer -si se respetaban ciertas reglas- era el ´valor supremo al que estaban sometidas otras consideraciones tanto personales como sociales.

Por ese motivo, el adulterio y el divorcio estaban bien aceptados y practicados por la sociedad romana con total normalidad y el propio Ovidio en "El arte de amar" los elogiaba, 


La prostitución en la Antigua Roma 


En la sociedad del Imperio Romano, la práctica de la prostitución era algo habitual y quienes la ejercían no eran perseguidos porque no contravenían ninguna ley, aunque se les negaba ciertos privilegios, como era el de casarse con un ciudadano libre o estaban marcados con la nota de infamia, es decir, no poder hacer testamento ni recibir herencia, aunque al casarse desaparecía dicha nota infamante.

Había varias clases de prostitutas -aunque también existían los prostitutos que vendían sus servicios tanto a hombres como a mujeres-. Las prostitutas tenían la obligación de llevar vestimentas distintas a las de las mujeres decentes -túnica de color marrón rojizo- y teñirse el pelo de color rubio o llevar pelucas de dicho color, por la gran expectación que les provocaba a los romanos las esclavas germanas que se convertían también en esclavas sexuales.

Además, las prostitutas tenían que registrarse en el Municipio como tales. Se sabe que en el año 1 d.C. en el registro municipal constaban inscritas 32.000 prostitutas, lo que indica la alta aceptación social que éstas tenían en la vida de los ciudadanos, pues se las consideraba que ejercían una labor social. Las que estaban registradas eran llamadas "meretrices" -término que también se usaba para denominar a las dueñas de un lupanar o prostíbulo al que iban las prostitutas a ejercer su oficio-; mientras que las que no lo estaban eran denominadas "prostibulae", ejercían su oficio donde pudieran y no tenían que pagar el impuesto. A su vez, las "ambulatarae" eran llamadas así por trabajar en la calle o en el circo; las "lupae" lo hacían en los bosques cercanos a la ciudad, y las "bustariae" ejercían su oficio en los cementerios. El más alto rango dentro de la prostitución lo tenían las "delicatae" cuyos clientes se contaban entre los patricios, senadores, ricos comerciantes o los altos mandos del ejército.

También se conocían con distintos nombres según los precios que cobraban o por las especialidades sexuales que ofrecieran: Las "cuadrantarias" eran denominadas así por cobrar un cuadrante (una miseria, equivalente a la cuarta parte de un as) término que era usado como un insulto equivalente a "punta de cinco céntimos". Las "pala" no podían negarse a ninguna solicitud del cliente que pagaba el precio exigido. Las "felatoras" eran las expertas en la "fellatio" el acto más degradante y por ello más caro.

la mayoría de las prostitutas ejercían su oficio en edificios llamadas lupanares, es decir, establecimientos que tenían licencia municipal¸ aunque también las había en lugares públicos como circos, anfiteatros, baños, mesones, posadas, tabernas, ya que el sexo era otro atractivo más que ofrecían dichos establecimientos a sus clientes.

Hay constancia de que la mayor parte de los prostíbulos o lupanares de Roma se encontraban en el Esquilino y el Circo Máximo, siendo los más elegantes los que estaban situados en la cuarta región. Para identificarlos mostraban un gran falo que era iluminado por la noche y estaban decorados con elementos alusivos al sexo como murales en el que mostraban escenas sexuales, además de ofrecer a la entrada de cada habitación una lista de servicios y los precios correspondientes. La intimidad no se propiciaba porque las distintas habitaciones no contaban con puertas ni cortinas por lo que todo sucedía a la vista de todos los que pasaban por delante de la celda.

Existen evidencias claras de que algunos, no todos, de los prostíbulos eran frecuentados por mujeres pertenecientes a las clases sociales más elevadas que buscaban en los lupanares a chicos jóvenes con quienes mantener relaciones sexuales.

También existen muchas referencias escritas de que mujeres de familias nobles ejercieron la prostitución por placer, entre las que se pueden encontrar a Julia (hija del emperador Augusto), Agripina y Mesalina (tercera esposa del emperador Claudio), la que llegó a alquilar un "fornice" para su propio uso, se vestía con las ropas propias del oficio, además del correspondiente cambio de aspecto con la peluca rubia y se cambiaba de nombre para ser llamada "Lycisca", con lo que ejercía de incógnito y diariamente la prostitución. Se sabe que compitió con una conocida prostituta y en un sólo día llego a estar con más de cien hombres; finalizando su "jornada laboral", pagaba al "leno", o dueño del lupanar -de ahí proviene el término de lenocinio que viene a ser similar a proxenetismo-, su parte proporcional de las ganancias, y regresaba al palacio imperial donde volvía a ser la emperatriz Mesalina. 

Este oficio llamado el más antiguo del mundo era ejercido por hombres y mujeres de diferente clases sociales que ofrecían sus servicios, pero con los tabúes que la sociedad romana tenía hacia el sexo oral -la felación y el cunnilingus eran consideradas prácticas repugnantes y degradantes para quienes las ejecutaran, por lo que eran siempre los servicios más caros- y también se rechazaba el rol pasivo en el hombre.

Se sabe que muchas prostitutas eran libertas, es decir, esclavas que habían podido comprar su libertad con lo que habían ganado en su duro oficio. Después de ser libres, muchas siguieron ejerciendo la prostitución de forma directa o indirecta, es decir, como meretriz, es decir, como dueña del prostíbulo -llamadas actualmente con el término francés de "madames"-. A partir del siglo I comenzaron a pagar un impuesto las que estaban registradas en el registro municipal al efecto. Llegaron a tener una fiesta anual que celebraban el 23 de diciembre.


Los lupanares o prostíbulos


Lupanar -cuyo significado es prostíbulo-, como término nació en la propia Roma, cuya raíz era la palabra "lupa", que era utilizada para designar tanto a la mujer como al animal que servía para tales fines. A las prostitutas romanas, las "lupae", ejercían sus actividades en los llamados lupanares. 

Como ya se explicó en la edición anterior, el adulterio cometido por una mujer era castigado severamente por quien ejerciera de pater familiae, quien podría repudiarla, en caso de ser el marido, o hasta condenarla a muerte.

El adulterio sólo se cometía si se llevaba a cabo por parte de una mujer casada, pero el marido podía tener relaciones sexuales en los lupanares con prostitutas o prostitutos, además de con esclavos que eran considerados "res" o cosas, lo que evitaba las infidelidades que sólo eran posible con quien fuera ciudadano libre y no profesional de la prostitución, lo que no era más que una prestación de servicios previo pago de los mismos. También, se ejercía dicha actividad sexual mercenaria en los templos en los que las sacerdotisas, que eran en su mayoría excelentes bailarinas, ejercían la prostitución sagrada como ofrenda a los dioses a los que estaban consagradas, cobrando por sus servicios en calidad de donaciones al templo.

En los lupanares existía una zona de recepción que estaba abierta a la calle y separada por una cortina. En el interior del lupanar, las prostitutas permanecían vestidas con ropas sugerentes, gasas, o completamente desnudas para que los clientes pudieran examinarlas; o también podían estar sentadas en sillas o sillones, esperando ser elegida por el cliente potencial. Una vez que el cliente elegía a una de ellas se dirigían a la habitación que tenía asignada la prostituta en cuestión -estancia llamada "fornice" o celda-, la que tenía sólo una cama de mampostería o madera con un simple colchón y cuya habitación estaba desprovista de ventana, puerta o cortina, como ya se ha dicho anteriormente. Las prostitutas estaban anunciadas en la zona de recepción, según su especialidad amatoria y los precios correspondientes..

La actividad y oficio de prostituta -término que proviene de la locución pro statuere que significa "estar colocado delante", "mostrarse"-, era extremadamente terrible, tanto si eran esclavas como mujeres libres por la propia idiosincrasia de los servicios que prestaban -como sucede a lo largo de la Historia y en la actualidad-. los prostíbulos o lupanares eran auténticos lugares de depravación y vicio y, en cierto grado, baratos, por lo que podían ser visitados por las clases medias, ya que el precio de un servicio venía a ser similar a medio denario o cuatro ases, equivalente al pago de medio día de trabajo bien pagado Sin embargo y como se ha dicho anteriormente el sexo también se practicaba en las calles, en los pórticos de los antiguos teatros, o en las termas o baños públicos, ya que en la época imperial se hicieron mixtos, lo que influyó considerablemente en el aumento de la promiscuidad, lo mismo que sucedió en los cementerios por el mismo motivo. 

Como se ha dicho anteriormente, las celdas donde cada prostituta ejercía sus actividades y recibía a sus clientes se llamaba "fornice", como también se llamaban los arcos de los teatros y anfiteatros que eran lugares de habituales encuentros sexuales. Dicho término dio origen al verbo "fornicar". 


La prostitución masculina 


La prostitución no era exclusiva de las mujeres, sino que la ejercían hombres jóvenes que ofrecían sus servicios tanto a hombres como a mujeres, según las fuentes escritas más remotas. Se sabe que los prostitutos masculinos esperaban en las esquinas de los baños a las mujeres para ofrecerles sus servicios de sexo oral. Sin embargo, según las creencias sociales de la época en cuanto a la degradación sexual de un hombre, era mucho peor considerado el prostituto que realizaba sexo oral a una mujer que el que se dejaba penetrar por otro hombre. Recibía el estatus legal de infame, lo que le dejaba al mismo nivel que las prostitutas, los gladiadores y los actores, lo que significaba la imposibilidad de votar o de representarse a sí mismo ante un tribunal.

Fue alrededor del año 200 d.C. cuando existía una calzada, la statio cunnulingiorum, en la que se reunían los prostitutos, pero diferenciándose en los papeles de activo y pasivo, según el lado de la calzada en el que se situaban. El jurista Paulo señaló que un marido podría asesinar a un prostituto si éste lo sorprendía en pleno acto sexual con su esposa. 

Se conoce el dato de que las prostitutas romanas se quejaron de la fuerte competencia que les hacían los jóvenes prostitutos que ofrecían sus servicios y eran mejor pagados por los clientes.


El proxeneta 


Esta figura imprescindible cuando se habla de prostitución, en la Antigua Roma podía ser hombre o mujer -llamado "leno" como ya se ha dicho anteriormente. Era el encargado de organizar, explotar y controlar a las prostitutas, manteniendo el orden, y cobraba una comisión o porcentaje del precio del servicio a cada una de ellas. La recaudación la hacía en nombre propio o en nombre de un tercero, habitualmente un rico inversor que podía ser el dueño de las esclavas y esclvos que destinaba a la prostitución. La parte recaudada a cada prostituta era una tercera parte como mínimo, aunque era probable que fuera una cantidad mayor. Si les daba habitación para dormir, ropa o comida, la prostituta tenía que pagarlas con sus ganancias.

Los precios eran muy diferentes según los servicios prestados, pero en general eran precios muy bajos que oscilaban en un cuarto de denario.

La prostitución también se vió aumentada por las clases más bajas como forma de búsqueda de un modo de vida que se sumaron a los esclavos en el ejercicio de la prostitución, pues éstos también mantenían relaciones sexuales co sus dueños obligados por los mismos, lo que hizo que la natalidad aumentara fuera del matrimonio considerablemente. Se combatía los embarazos no deseados con pociones abortivas o bien mediante el infanticidio o el abandono de los recién nacidos. Toda esta situación llevó al emperador Augusto a dictar leyes contra el adulterio.

La prostitución, pues, a pesar de ser una lacra social entonces y ahora, era fomentada y consentida por la sociedad de la Antigua Roma como un servicio que la propia sociedad y su estructura demandaba y sostenía, aunque se tenía la doble moral de condenarla públicamente y buscar sus servicios en lo privado. Como ha sido siempre. 

Ya decía Catón el Viejo: “Es bueno que los jóvenes poseídos por la lujuria vayan a los burdeles en vez de tener que molestar a las esposas de otros hombres”.

En definitiva de eso se trataba entonces y ahora: que los hombres puedan cometer adulterio sin correr el peligro de que sus esposas hicieran o hagan lo mismo, porque las profesionales del sexo ofrecen sus servicios con la discreción que su oficio demanda y la tranquilidad que ello supone para los hombres de cualquier época, antigua y moderna, porque suponen que sus mujeres están a salvo de la codicia de otros hombres, y sobre todo queda a salvo su propia vanidad, orgullo y sentido de la posesión que no serán profanados por ningún otro varón. 

Lo cual, además de pueril, es tan poco fiable como lo es la propia fidelidad masculina hacia la mujer a la que nadie pregunta qué piensa, qué desea y qué necesita. Por eso, quizás, su adulterio siempre es más sutil, secreto e inteligente y sin tener que recurrir a profesionales del sexo, salvo en contadas ocasiones que no llegan a formar nunca parte de la estadística, esa que sólo se ocupa de las cuestiones sexuales de los hombres que son las verdaderamente importantes, al menos para ellos. 

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Véase:

AMOR Y SEXUALIDAD EN LA ANTIGUA ROMA
ALFONSO CUATRECASAS ,
DIFUSION JURIDICA Y TEMAS DE ACTUA, 2009

LA PROSTITUCION EN GRECIA Y ROMA
VIOLAINE VANOYEKE ,
S.A. EDITORIAL EDAF, 1991

ARTE Y EROTISMO EN EL MUNDO CLASICO
CARMEN SANCHEZ
SIRUELA, 2005